San Agustín: Vosotros sois Eucaristía
Lo que estáis viendo, amadísimos, sobre la mesa del Señor es pan y vino; pero este pan y este vino se convierten en el cuerpo y la sangre de la Palabra cuando se les aplica la palabra. En efecto, el Señor era la Palabra en el principio, y la Palabra estaba en Dios y la Palabra era Dios (Jn 1,1). Debido a su misericordia que le impidió despreciar lo que había creado a su imagen, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). Como sabéis, pues, la Palabra misma asumió al hombre, es decir, al alma y la carne del hombre, y se hizo hombre permaneciendo Dios. Y puesto que sufrió por nosotros, nos confió en este sacramento su cuerpo y sangre, en que nos transformó también a nosotros mismos, pues también nosotros nos hemos convertido en su cuerpo y, por su misericordia, somos lo que recibimos.He aquí lo que habéis recibido. Veis cómo el conjunto de muchos granos se ha transformado en un solo pan; de idéntica manera, sed también vosotros una sola cosa amándoos, poseyendo una sola fe, una única esperanza y un solo amor. Cuando los herejes reciben este sacramento, reciben un testimonio en contra suya, puesto que ellos buscan la división, mientras que este pan les está indicando la unidad. Lo mismo sucede con el vino: antes estuvo en muchos cuévanos, y ahora en un único recipiente; forma una unidad en la suavidad del cáliz, pero tras la prensa del lagar. También vosotros habéis venido a parar, en el nombre de Cristo, al cáliz del Señor después del ayuno y las fatigas, tras la humillación y el arrepentimiento; también vosotros estáis sobre la mesa, también vosotros estáis dentro del cáliz. Sois vino conmigo: lo somos conjuntamente; juntos lo bebemos, porque juntos vivimos.
Sermón 229,1-2