4 comentarios en “Teólogos islámicos y el discurso de Ratisbona”

  1. Juan Jesús Says:

    Me ha alegrado mucho que hayas hecho una aportación sobre este tema, Rubén. Dentro de unos días tendremos un coloquio, precisamente, sobre esta cuestión y estos artículos me han dado elementos nuevos de comprensión. Creo que el diálogo interreligioso (no así el ecuménico, gracias a Dios) sufre de una afección “fundamental” desde la perspectiva de la Iglesia y de la teología. Es lo mismo que sucede en el diálogo con la filosofía postmoderna: el estatuto de la razón. Para la teología cristiana el interlocutor “adecuado” es siempre la razón, con todo su vigor y potencialidad, y por tanto, es la medida y mediación irrenunciable en todo diálogo. A mi juicio, el problema que se ha presentado con el discurso de Ratisbona tiene mucho que ver con esta “exigencia” o manera de entender el diálogo y el papel que desempeña la razón. Y esta situación ya la ha vivido la Iglesia en otras épocas: recordemos la condena del racionalismo absoluto en tiempos del Vaticano I (Hermes) o las condenas al fideísmo católico (muy parecidas en sus términos al reclamo que Benedicto XVI hace al mundo musulmán). No se trata, como sugiere el autor del segundo artículo, de un posicionamiento moral (como si el Papa se situara en una posición de privilegio sobre el mundo musulmán y con derecho a exigir una conducta determinada), sino de una condición “sine qua non” para el diálogo: tiene que entrar en juego la razón. La Teología tiene un problema (expresado formidablemente en la Fides et Ratio) y es que se hace imposible el diálogo con una razón sometida o con una razón debilitada. Es paradójico pero me parece reconocer un denominador común entre el diálogo con los musulmanes y el diálogo con la postmodernidad. La fe cristiana siempre ha reclamado a la razón, pero no para someterla o desgastarla, sino para iluminarla. Quizá, la desconsideración de la trascendencia en la filosofía actual por un lado y la mecánica de de revelación directa e inmediata que sostiene el pensamiento musulmán por otro, impidan la comprensión de la cosmovisión cristiana que se basa en la Condescendencia Divina: en el misterio de la Encarnación.
    Creo que el Papa ha sido malinterpretado, sí, pero sobre todo porque no se entiende el “lugar” desde el que es posible un diálogo con el cristianismo: la razón. El Papa no está exigiendo desde una posición moral de privilegio, sino que está reclamando (y al ser irrenunciable para la teología cristiana, lo exige)a la Razón. En realidad, creo que ha dado un paso más en el diálogo interreligioso que no puede quedarse (el mundo también lo exige, aunque existan los Medios de comunicación sensasionalistas) en meros formalismos y educadas declaraciones. Creo que está reclamando interlocutores al estilo de Al-Farabi, Avicena o Ibn Gabirol: está reclamando un diálogo mediado por la razón.

  2. Juan Jesús Says:

    Me ha alegrado mucho que hayas hecho una aportación sobre este tema, Rubén. Dentro de unos días tendremos un coloquio, precisamente, sobre esta cuestión y estos artículos me han dado elementos nuevos de comprensión. Creo que el diálogo interreligioso (no así el ecuménico, gracias a Dios) sufre de una afección “fundamental” desde la perspectiva de la Iglesia y de la teología. Es lo mismo que sucede en el diálogo con la filosofía postmoderna: el estatuto de la razón. Para la teología cristiana el interlocutor “adecuado” es siempre la razón, con todo su vigor y potencialidad, y por tanto, es la medida y mediación irrenunciable en todo diálogo. A mi juicio, el problema que se ha presentado con el discurso de Ratisbona tiene mucho que ver con esta “exigencia” o manera de entender el diálogo y el papel que desempeña la razón. Y esta situación ya la ha vivido la Iglesia en otras épocas: recordemos la condena del racionalismo absoluto en tiempos del Vaticano I (Hermes) o las condenas al fideísmo católico (muy parecidas en sus términos al reclamo que Benedicto XVI hace al mundo musulmán). No se trata, como sugiere el autor del segundo artículo, de un posicionamiento moral (como si el Papa se situara en una posición de privilegio sobre el mundo musulmán y con derecho a exigir una conducta determinada), sino de una condición “sine qua non” para el diálogo: tiene que entrar en juego la razón. La Teología tiene un problema (expresado formidablemente en la Fides et Ratio) y es que se hace imposible el diálogo con una razón sometida o con una razón debilitada. Es paradójico pero me parece reconocer un denominador común entre el diálogo con los musulmanes y el diálogo con la postmodernidad. La fe cristiana siempre ha reclamado a la razón, pero no para someterla o desgastarla, sino para iluminarla. Quizá, la desconsideración de la trascendencia en la filosofía actual por un lado y la mecánica de de revelación directa e inmediata que sostiene el pensamiento musulmán por otro, impidan la comprensión de la cosmovisión cristiana que se basa en la Condescendencia Divina: en el misterio de la Encarnación.
    Creo que el Papa ha sido malinterpretado, sí, pero sobre todo porque no se entiende el “lugar” desde el que es posible un diálogo con el cristianismo: la razón. El Papa no está exigiendo desde una posición moral de privilegio, sino que está reclamando (y al ser irrenunciable para la teología cristiana, lo exige)a la Razón. En realidad, creo que ha dado un paso más en el diálogo interreligioso que no puede quedarse (el mundo también lo exige, aunque existan los Medios de comunicación sensasionalistas) en meros formalismos y educadas declaraciones. Creo que está reclamando interlocutores al estilo de Al-Farabi, Avicena o Ibn Gabirol: está reclamando un diálogo mediado por la razón.

  3. Juan Jesús Says:

    La efecacia de estos pensadores musulmanes de los que antes hablaba caracterizada por D. José Morales:
    “”El discurso del Papa en Ratisbona y los musulmanes”
    José Morales, profesor de Teología Dogmática y gran conocedor del Islam

    Fecha de publicación: 20/09/2006

    No hace falta creer en el llamado choque de las civilizaciones, y adoptarlo como clave del curso de la historia, para percibir en las apasionadas reacciones musulmanas al discurso papal de Ratisbona, un signo de las dificultades que atraviesa el deseable diálogo de Occidente con el Islam. Ante lo sucedido puede adoptarse una postura pesimista y concluir que se trata de un diálogo imposible. Puede pensarse también con mayor realismo que este episodio indica solamente lo lejos que estamos aún de un entendimiento verdadero entre cristianos y musulmanes. Pero que ese entendimiento ha adquirido ya suficientes rasgos visibles como para imaginar que llegará algún día.

    Ciertamente no llegará sin esfuerzo, sin graves crisis y sin momentos de honda incomprensión. Pero estas sombras autorizan a pensar que hay luz en algún sitio, y que en nuestros pasos vacilantes somos guiados hacia una meta de concordia futura, que no deja de tener adelantos en el presente. Naturalmente, quien no tenga buena voluntad, sinceridad y cordura resistirá a la luz y no podrá ser guiado por ella.

    La Junta islámica de España ha emitido un comunicado (www.diocesisdecanarias.info) al que pueden hacerse reparos importantes, sobre todo por la ligereza en adjetivar descortésmente la personalidad religiosa y culta de Benedicto XVI. La Junta descalifica al Papa por su presunta ignorancia en temas sobre los que no hay un consenso inequívoco en la tradición musulmana. Pero el texto hace una alusión interesante y bien fundada a la racionalidad y a la aportación cultural de pensadores musulmanes al mundo intelectual europeo, que nadie niega. Esos filósofos y pensadores de gran talla no lograron, sin embargo, en las religiosas sociedades islámicas la influencia necesaria para originar un diálogo intramusulmán efectivo entre la razón y la fe coránica.

    El Islam no es un monolito, sino un mosaico. Alberga muchas sensibilidades y estadios culturales dentro de una fe común. Aflora lentamente en el espacio musulmán el equilibrio de las potencias del ser humano al vivir y sentir la religión. ¿Quién no desea que la actitud reflexiva y la crítica del exceso lleguen a ser en el Islam tan fuertes como el sentido de la justicia y la fe de los musulmanes?”

    Tomado de A. Veritas,VERITAS 61

  4. Juan Jesús Says:

    La efecacia de estos pensadores musulmanes de los que antes hablaba caracterizada por D. José Morales:
    “”El discurso del Papa en Ratisbona y los musulmanes”
    José Morales, profesor de Teología Dogmática y gran conocedor del Islam

    Fecha de publicación: 20/09/2006

    No hace falta creer en el llamado choque de las civilizaciones, y adoptarlo como clave del curso de la historia, para percibir en las apasionadas reacciones musulmanas al discurso papal de Ratisbona, un signo de las dificultades que atraviesa el deseable diálogo de Occidente con el Islam. Ante lo sucedido puede adoptarse una postura pesimista y concluir que se trata de un diálogo imposible. Puede pensarse también con mayor realismo que este episodio indica solamente lo lejos que estamos aún de un entendimiento verdadero entre cristianos y musulmanes. Pero que ese entendimiento ha adquirido ya suficientes rasgos visibles como para imaginar que llegará algún día.

    Ciertamente no llegará sin esfuerzo, sin graves crisis y sin momentos de honda incomprensión. Pero estas sombras autorizan a pensar que hay luz en algún sitio, y que en nuestros pasos vacilantes somos guiados hacia una meta de concordia futura, que no deja de tener adelantos en el presente. Naturalmente, quien no tenga buena voluntad, sinceridad y cordura resistirá a la luz y no podrá ser guiado por ella.

    La Junta islámica de España ha emitido un comunicado (www.diocesisdecanarias.info) al que pueden hacerse reparos importantes, sobre todo por la ligereza en adjetivar descortésmente la personalidad religiosa y culta de Benedicto XVI. La Junta descalifica al Papa por su presunta ignorancia en temas sobre los que no hay un consenso inequívoco en la tradición musulmana. Pero el texto hace una alusión interesante y bien fundada a la racionalidad y a la aportación cultural de pensadores musulmanes al mundo intelectual europeo, que nadie niega. Esos filósofos y pensadores de gran talla no lograron, sin embargo, en las religiosas sociedades islámicas la influencia necesaria para originar un diálogo intramusulmán efectivo entre la razón y la fe coránica.

    El Islam no es un monolito, sino un mosaico. Alberga muchas sensibilidades y estadios culturales dentro de una fe común. Aflora lentamente en el espacio musulmán el equilibrio de las potencias del ser humano al vivir y sentir la religión. ¿Quién no desea que la actitud reflexiva y la crítica del exceso lleguen a ser en el Islam tan fuertes como el sentido de la justicia y la fe de los musulmanes?”

    Tomado de A. Veritas,VERITAS 61


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