2 comentarios en “Laicidad, garantía para la religión”

  1. Juan Jesús Says:

    Bueno, se nota que algo está cambiando en torno a la “justa laicidad” porque una separación o mezcla agresiva entre estado y religión no ha conducido sino al empobrecimiento. Y si no, miren la propuesta del que puede ser el próximo presidente de la República francesa:
    En un libro-entrevista titulado «La République, les religions, l’espérance», editado por la católica Éditions du Cerf, el ministro Sarkozy reflexiona sobre el laicismo, pero también sobre la fe, las personalidades espirituales que le han marcado, la Iglesia católica, las convicciones que quiere transmitir a sus hijos. Una amplia reflexión, recogida en el diario «Avvenire», sobre los valores necesarios de la religión en la República del laicismo.
    La revisión de Sarkozy presenta párrafos tan significativos como éstos: «La religión ofrece un gran servicio a la sociedad, dota a los hombres de la esperanza espiritual que el Estado no puede darle». Según el ministro, el concepto de laicismo debe ser «profundamente revisado». El viejo concepto debe renovarse porque «creer que el Estado puede permanecer totalmente indiferente al hecho religioso es una posición desmentida constantemente por la realidad de los hechos», asegura el primer ministro.
    Más lugares de culto.
    «Debemos volver a una laicidad activa, no pasiva, debemos decir abiertamente que hoy en día es más importante abrir lugares de culto en las grandes áreas urbanas que inaugurar recintos deportivos, también utilísimos. Debemos conseguir que se conviertan en los ideales para la juventud que crece, para todos esos jóvenes que no tienen ideales. Ése es el gran reto», explica Sarkozy a sus entrevistadores, el profesor de filosofía Thibaud Collin y el dominico Philippe Verdin.
    La sorpresa continúa cuando el primer ministro hace referencia a las estrictas normas de 1905 que hablan de la separación entre Iglesia y Estado, unas normas que, según Sarkozy, podrían modificarse: «Estas normas no están esculpidas en mármol, no son imposibles de modificar», asegura, mientras concreta la reforma en «una cuestión que no es coyuntural ni episódica: la de la financiación de las tres grandes religiones de Francia».
    Financiación.
    «Admitámoslo sin hipocresía: hay una contradicción entre la voluntad de reconocer las religiones como un factor positivo en la sociedad y después negarles cualquier forma de financiación pública», asegura. Lo más llamativo, según Sarkozy, es «que el Estado financie un campo de fútbol, una biblioteca, un teatro, una residencia, pero en cuanto las necesidades tienen que ver con el culto, el Estado no entrega ni un céntimo».
    Las propuestas del ministro francés continúan: «Deberían construirse más lugares de culto, la ayuda fiscal debería ser mayor para los fieles que participan en el mantenimiento del clero». También se refiere el ministro a la «financiación para la formación del clero», «poniendo a disposición maestros en las materias no espirituales, prestando locales, firmando convenios con los representantes de las religiones para educar a los ministros de culto francés…».
    También hay lugar en el libro para hablar de la Iglesia católica. Sarkozy recuerda a sus entrevistadores que «en Francia existe una vieja desconfianza heredada del periodo de las grandes luchas laicas», y pide un planteamiento crítico ante las generaciones anteriores que han «vilipendiado, burlado y ridiculizado a curas y frailes». Para el primer ministro, la función de la Iglesia es ante todo, social: «Si la Iglesia no se preocupara de los más pobres, ¿quién podría hacerlo?», se pregunta. «Respetar a la Iglesia significa reconocerle la vocación de defender a quienes nadie defiende, mantener la tradición de apertura, de consuelo, de fraternidad», sostiene.
    El periodista Carlo Cardia hace una reflexión al respecto en el diario «Avvenire»: «Es evidente -escribe- que Sarkozy siente la necesidad de decir a sus ciudadanos que el Estado laico busca deliberadamente excluir a quienes sostienen a los más pobres e indefensos, a quienes pueden alimentar la esperanza de los jóvenes y de los no tan jóvenes, a quienes cultivan una vida espiritual, pero al final se convierte en un Estado empobrecido y sin alma».
    Aunque, según cuentan los expertos, no es eso lo que está ocurriendo en Suiza, Alemania y, en general, en los países europeos más secularizados, donde se está produciendo una «inversión de tendencia con un creciente interés por el hecho religioso». Y esta vez Francia parece que abre camino.

  2. Juan Jesús Says:

    Bueno, se nota que algo está cambiando en torno a la “justa laicidad” porque una separación o mezcla agresiva entre estado y religión no ha conducido sino al empobrecimiento. Y si no, miren la propuesta del que puede ser el próximo presidente de la República francesa:
    En un libro-entrevista titulado «La République, les religions, l’espérance», editado por la católica Éditions du Cerf, el ministro Sarkozy reflexiona sobre el laicismo, pero también sobre la fe, las personalidades espirituales que le han marcado, la Iglesia católica, las convicciones que quiere transmitir a sus hijos. Una amplia reflexión, recogida en el diario «Avvenire», sobre los valores necesarios de la religión en la República del laicismo.
    La revisión de Sarkozy presenta párrafos tan significativos como éstos: «La religión ofrece un gran servicio a la sociedad, dota a los hombres de la esperanza espiritual que el Estado no puede darle». Según el ministro, el concepto de laicismo debe ser «profundamente revisado». El viejo concepto debe renovarse porque «creer que el Estado puede permanecer totalmente indiferente al hecho religioso es una posición desmentida constantemente por la realidad de los hechos», asegura el primer ministro.
    Más lugares de culto.
    «Debemos volver a una laicidad activa, no pasiva, debemos decir abiertamente que hoy en día es más importante abrir lugares de culto en las grandes áreas urbanas que inaugurar recintos deportivos, también utilísimos. Debemos conseguir que se conviertan en los ideales para la juventud que crece, para todos esos jóvenes que no tienen ideales. Ése es el gran reto», explica Sarkozy a sus entrevistadores, el profesor de filosofía Thibaud Collin y el dominico Philippe Verdin.
    La sorpresa continúa cuando el primer ministro hace referencia a las estrictas normas de 1905 que hablan de la separación entre Iglesia y Estado, unas normas que, según Sarkozy, podrían modificarse: «Estas normas no están esculpidas en mármol, no son imposibles de modificar», asegura, mientras concreta la reforma en «una cuestión que no es coyuntural ni episódica: la de la financiación de las tres grandes religiones de Francia».
    Financiación.
    «Admitámoslo sin hipocresía: hay una contradicción entre la voluntad de reconocer las religiones como un factor positivo en la sociedad y después negarles cualquier forma de financiación pública», asegura. Lo más llamativo, según Sarkozy, es «que el Estado financie un campo de fútbol, una biblioteca, un teatro, una residencia, pero en cuanto las necesidades tienen que ver con el culto, el Estado no entrega ni un céntimo».
    Las propuestas del ministro francés continúan: «Deberían construirse más lugares de culto, la ayuda fiscal debería ser mayor para los fieles que participan en el mantenimiento del clero». También se refiere el ministro a la «financiación para la formación del clero», «poniendo a disposición maestros en las materias no espirituales, prestando locales, firmando convenios con los representantes de las religiones para educar a los ministros de culto francés…».
    También hay lugar en el libro para hablar de la Iglesia católica. Sarkozy recuerda a sus entrevistadores que «en Francia existe una vieja desconfianza heredada del periodo de las grandes luchas laicas», y pide un planteamiento crítico ante las generaciones anteriores que han «vilipendiado, burlado y ridiculizado a curas y frailes». Para el primer ministro, la función de la Iglesia es ante todo, social: «Si la Iglesia no se preocupara de los más pobres, ¿quién podría hacerlo?», se pregunta. «Respetar a la Iglesia significa reconocerle la vocación de defender a quienes nadie defiende, mantener la tradición de apertura, de consuelo, de fraternidad», sostiene.
    El periodista Carlo Cardia hace una reflexión al respecto en el diario «Avvenire»: «Es evidente -escribe- que Sarkozy siente la necesidad de decir a sus ciudadanos que el Estado laico busca deliberadamente excluir a quienes sostienen a los más pobres e indefensos, a quienes pueden alimentar la esperanza de los jóvenes y de los no tan jóvenes, a quienes cultivan una vida espiritual, pero al final se convierte en un Estado empobrecido y sin alma».
    Aunque, según cuentan los expertos, no es eso lo que está ocurriendo en Suiza, Alemania y, en general, en los países europeos más secularizados, donde se está produciendo una «inversión de tendencia con un creciente interés por el hecho religioso». Y esta vez Francia parece que abre camino.


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