Imaginando la escatología: la puerta de Simone Weil

Por Alvaro Pereira
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1. Escritos joánicos: “Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10,7); “Después de esto tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo…” (Apo 4,1)

2. Simone Weil: “Este mundo es la puerta cerrada. Es una barrera y, al mismo tiempo, es también el paso”. (S. Weil, Cahiers, vol. III, p. 121); “La puerta”, en Simone WEIL, Pensamientos desordenados (Madrid, Trotta, 1995) 13:

Ábrenos ya la puerta y veremos los vergeles,
Beberemos de sus aguas frías que aún conservan la huella de la luna.
El largo camino arde hostil a los extraños.
A ciegas erramos sin encontrar el lugar.

Agobiados por la sed, queremos ver las flores.
Esperando y sufriendo, henos por fin aquí delante de la puerta.
A golpes la abatiremos, si es preciso.
Golpeamos y empujamos, pero es demasiado firme.

Sólo nos queda languidecer, esperar y mirar en vano.
Contemplamos la puerta, cerrada, inconmovible.
Fijamos en ella nuestros ojos, llorando bajo el tormento;
Sin dejar de mirar la puerta, el peso del tiempo nos abruma.

La puerta está ante nosotros; ¿de qué nos sirve querer?
Mejor marcharse y abandonar toda esperanza.
No entraremos jamás. Cansados estamos de verla…
La puerta, al abrirse, dejó pasar tanto silencio…

Ni flores ni jardines suntuosos;
Tan sólo el espacio inmenso donde están el vacío y la luz,
Se hizo de súbito presente y colmó el corazón,
Lavando los ojos casi ciegos por el polvo.


Sigue a la “interpretación”…


3. Comentarios distraídos.
Algún teólogo de extrarradios ha postulado hace ya tiempo la necesidad de admitir a la imaginación entre las estanterías del despacho del teólogo. Ciertamente es inaceptable acoger la imaginación como criterio de validación racional o como guía de razonamiento lógico; sin embargo, la fantasía puede convertirse en una creativa fuente de inspiración (cf. las intuiciones del anarquismo epistemológico de Feyerabend). No en vano, si el hacer teológico debe necesariamente visitar cada día esa catedral de sueños y esperanzas, que es la Escritura, la propia fantasía puede ser bastante útil a la hora de imaginar nuevos modos de decir convincentemente lo graciosamente recibido.
Este reclutamiento de la imaginación para las filas de la teología se hace todavía más pertinente en el tratado de escatología. Puesto que no existen correlatos históricos –como, por ejemplo, existen testimonios sobre crucifixiones o iglesias–, creo lícito buscar metáforas e imágenes que planteen nuevos modos de comprender el más allá (claro está, metáforas e imágenes suceptibles de pasar por la puerta estrecha del tribunal de la razón). Así, por ejemplo, San Pablo en Rom 11, cuando encara el problema del futuro de Israel, usa como primera prueba un ejemplo del tiempo de Elías, pero en el transcurso de la argumentación, debe crear la imagen del acebuche silvestre y el misterio escondido, ya que se queda sin pruebas experienciales o escriturísticas útiles para discurrir sobre el futuro de su pueblo. En esta reivindicación de la imaginación “teológica”, el decir poético juega un interesante papel.
En el poema anterior, Simone Weil presenta una metáfora sobre la eternidad: la apertura de una puerta. En esta búsqueda de imágenes escatológicas, el poema aporta algunos elementos significativos:
– La puerta suscita oraciones (“Ábrenos ya la puerta”), deseos y sueños (“Beberemos de sus aguas frías que aún conservan la huella de la luna”). La puerta evoca una ausencia que da de sí lo mejor humano. La puerta es fábula y augurio. La puerta es profecía de algo más. La primera misión hoy del tratado de escatología es, probablemente, hacer ver que en este mundo no se cumplen plenariamente los deseos más hondos.
– La puerta no se abre por golpes y empujones. La puerta no cede ante la voluntad humana. Y sin embargo, en un momento en el que han perdido las esperanzas de conseguir abrirla, la puerta se abre gratuitamente. El cielo no se conquista, es gracia.
– A la puerta se llega en grupo; ningún verbo del poema se conjuga en primera persona del singular. Los personajes del poema golpean, lloran, luchan, se asombran… siempre en común. ¿Es el tratado de escatología todavía demasiado individualista? ¿Pensamos en el alma individual en su último trance o en el futuro de este pueblo esquivo que es la humanidad?
– Los aguerridos buscadores de verdad que tratan de abrir la puerta pasan por diversas etapas: del deseo difuso de algo bello (“el vergel”) a la búsqueda activa de una puerta; del intento por abrirla al llanto por su firmeza; de la espera a la experiencia nueva. Esta pascua colectiva culmina en una experiencia inaudita:

“Ni flores ni jardines suntuosos;
Tan sólo el espacio inmenso donde están el vacío y la luz,
Se hizo de súbito presente y colmó el corazón,
Lavando los ojos casi ciegos por el polvo.”

Una pascua que trasciende los deseos humanos (“los jardines y las flores”) con una novedad que “colma el corazón” y “lava los ojos”. Y es que “ni ojo vio, ni oído oyó, ni el corazón del hombre alcanzó lo que Dios ha preparado para los que lo aman” (1Co 2,9; cf. Is 64,9).
– Por último, parecería que la principal diferencia entre este poema y la escatología cristiana estriba en la figura de Jesucristo. Sin embargo, la misma imagen de la puerta lleva inscrita en sí la necesidad de una mediación entre dos mundos –el actual conocido, y el augural ansiado–. En la escatología cristiana, Jesús, el Señor, también ha sido llamado puerta, respuesta al deseo del hombre, acceso infinito al vacío de luz: “Yo soy la puerta” (Jn 10,7).

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One Comment en “Imaginando la escatología: la puerta de Simone Weil”


  1. Donde dice “lo graciosamente recibido” pienso sería mejor decir, “lo recibido por obra de la gracia divina”… o algo así. http://www.institutosimoneweil.net En particular es bueno destacar que a Simone Weil no le interesa tanto la figura de Cristo como figura histórica sino como instancia de un fenómeno recurrente y universal… la encarnación en nosotros mismos y por nosotros. Creo.


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