“Amar es decir: Tú no morirás” (Gabriel Marcel)

Por Alvaro Pereira
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El ser humano no se conforma con la muerte. Nunca se ha conformado. Lo mejor humano se alza buscando una respuesta ante la “postrera sombra”. El hombre estima una aberración la separación de los que queremos. Incluso los humanos más execrables han recibido como bálsamo de esperanza las lágrimas de sus madres. Es uno de los universales de la naturaleza humana y, por tanto, uno de los lugares desde los que partir en la reflexión teológica.
Ofrezco tres poemitas y una cita bíblica, en los que esta confrontación entre el amor y la muerte deslumbran por su evidencia. Acaso sea un buen instrumento propedéutico para comenzar a pensar sobre cómo y quién enalteció ese amor humano para vencer a la muerte.


Continúa…


1. Romancero. Este es un precioso poemita anónimo del siglo XV, que pertenece a nuestro augusto Romancero. El sentir popular, siempre rebelde ante los opresores, confiesa su fe –siempre un tanto ingenua, pero por ello obstinadamente convincente– en que dos enamorados jamás podrán ser vencidos. M. A. MATEO- R. ALBERTI, Canción de canciones. Los mejores poemas de amor de la lengua castellana (Buckinghamshire 1995) 77.

Conde niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo,
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar,
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.

La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
– Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mal.
– No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
si no es el conde niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
– Si por tus amores pena,
¡oh mal haya su cantar!,
y porque nunca los goce,
yo le mandare matar.
– Si le manda matar, madre,
juntos nos han de enterrar.

Él murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
Della nació un rosal blanco,
d`él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar,
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
Della naciera una garza,
d`él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

2. Francisco de QUEVEDO (1580-1645). En uno de los sonetos más ilustres de la poesía española de todos los tiempos, Quevedo nos muestra la fe inconmovible de un moribundo que acepta su vuelta al polvo primordial, pero no renuncia a su vocación de enamorado. M. A. MATEO- R. ALBERTI, Canción de canciones. Los mejores poemas de amor de la lengua castellana (Buckinghamshire 1995) 301:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a la ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

3. Miguel HERNÁNDEZ (1910-1942). Ésta es la más triste de las tres obritas. El poeta ya no confiesa su fe en la victoria del amor sobre la muerte, sólo afirma su convivencia, nada pacífica. El poema deja entrever la esencialidad de una historia profunda explicada con palabras sencillas. Cada estrofa está dedicada a uno de los protagonistas de su vida. “Llegó con tres heridas”, su querida esposa. “Con tres heridas viene”, el niño que esperan, y que se amamantará con las cebollas más famosas de la poesía castellana. “Con tres heridas yo”; dice el poeta que, encarcelado, sueña con ver a su hijo en vida, por amor, contra la muerte. Miguel HERNÁNDEZ, El hombre y su poesía. Antología. (Letras hispánicas, 2; ed. CÁTEDRA):

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

4. Cantar de los cantares 8,6: “el amor es fuerte como la muerte”.

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