¿Conoces a Maurice Blondel?

La filosofía de Maurice Blondel puede considerarse, como las del espíritu Agustiniano – platónico, un “itinerario de la mente hacia Dios” según las exigencias fundamentales del hombre, pero es un itinerario nuevo, que ha contribuido, sobre todo a principios de nuestro siglo, a rejuvenecer la cultura católica en Francia en los ambientes eclesiásticos y también laicos, a renovar los esquemas escolásticos, a hacer repensar el tomismo, a promover estudios e investigaciones sobre la filosofía del cristianismo y de la historia de la filosofía que van desde los de los hermanos Auguste y Roberto Valensin a los otros teoréticos de Jacques Paliard, J. Chaix – Ruy, M Nédoncelle, H. Duméry, etc.
Puedes adentrarte en la biografía y obra de este autor pinchando en los comentarios.

Explore posts in the same categories: Filosofía

5 comentarios en “¿Conoces a Maurice Blondel?”

  1. Juan Jesús Says:

    Maurice Blondel, filósofo francés, n. en Dijon el 2 nov. 1861 y m. en Aix-en-Provence el 4 jun. 1949.
    1. Biografía y obras. Descendiente de una antigua familia borgoñesa de profunda raigambre católica, B. cursó sus primeros estudios en el Liceo y los prolongó en la Universidad, donde obtuvo la Licencia en Letras y el Bachillerato en Derecho. A los 20 años fue admitido en la École Normale Supérieure, donde tuvo como profesores a Emile Boutroux y a Léon Ollé-Laprune, y como condiscípulos, entre otros, a Víctor Delbos y a Pierre Duhem. A mediados de 1884 comenzó a ejercer la docencia, pero pronto se retiró a la casa de campo familiar en Saint Seine-sur-Vingeanne, para preparar su tesis doctoral. Ya desde 1882 estaba decidido a estudiar la acción humana y su sentido, tema y perspectiva inéditos en la filosofía francesa de la época, ya que el término acción ni siquiera figuraba en el voluminoso Dictionnaire des sciences philosophiques de A. Franck. La intuición, largamente meditada y madurada, dio por resultado una obra pacientemente construida, tres veces redactada por completo y por fin presentada en la Sorbona el 7 jun. 1893 ante un jurado compuesto por Boutroux, Janet, Brochard y Séailles. Publicada el mismo año en la Bibliotheque de Philosophie Contemporaine (Alcan, 1 vol., 492 págs.), llevaba como título completo: L’ Action, Essai d’une critique de fa vie et d’une science de fa pratique.
    Las coordenadas esenciales de esta obra han de buscarse en la precedente experiencia religiosa de su autor. Durante sus años de estudio, había sido dolorosamente impresionado por la indiferencia religiosa de vastos sectores de la intelectualidad francesa, cuyo rigor científico y afán intelectual compartía, y con los que quiere entablar un diálogo filosófico que les lleve a plantearse con hondura las cuestiones religiosas. Junto a esas preocupaciones apologéticas, y, en gran parte, por encima de ellas, L’Action procede también de una intención filosófica estricta. En un ambiente saturado de cientifismo positivista y de idealismo neocriticista, B. se propuso rehabilitar el análisis reflexivo, como paralelamente comenzaba a intentarlo Bergson, no ya del fenómeno tan huidizo de la conciencia, sino de la realidad más concreta e inmediata dada a nuestra experiencia, la acción. Describir su génesis y desarrollo, develar sus condiciones e implicaciones, trazar su sentido y sus exigencias, es en síntesis el proyecto blondeliano.
    La acogida tributada a L’ Action fue muy variada. En los círculos universitarios se reconoció la nobleza moral de la obra, pero se le acusó de hacer depender la filosofía de una inspiración religiosa positiva, desconociendo su autonomía. Por esta razón se negó a B. una cátedra en la enseñanza oficial, lo que le hirió profundamente; sólo dos años más tarde, moviendo algunas influencias, obtuvo su nombramiento en Aix-en-Provence, donde enseñaría ininterrumpidamente hasta 1927. Entre los católicos la acogida no fue unánime. Hubo quienes desde el primer momento apreciaron L’ Action como una obra que marcaba un hito en el pensamiento religioso francés; rápidamente afluyeron discípulos entusiastas y amigos: Paul Mulla, convertido al islamismo, Augusto Valensin, prometedor estudiante jesuita, y L. Laberthonniere, oratoriano, fogoso antiescolástico. Otros señalaron en cambio que el intento blondeliano, cuya buena intención intelectual reconocían, implica el riesgo de racionalizar el cristianismo, de ceder al subjetivismo kantiano y de debilitar las pruebas apologéticas tradicionales. La cuestión se hace más grave con la crisis modernista, dadas las relaciones con B. mantenidas por algunos de sus protagonistas. Todo ello llevó a B. a un esfuerzo intelectual para precisar más sus posiciones más propiamente apologéticas y definir mejor su proyecto de constituir una Apologética de carácter filosófico en la que el estudio de la acción abriera a la consideración del orden cristiano presentado como aquel donde la acción obtiene su plena inteligibilidad.
    En los 20 años siguientes a L’Action, B. trabaja afanosamente en esta línea apologética. Dos nuevas publicaciones fundamentales ven la luz: Lettre sur les éxigences de la pensée contemporaine en matiere d’apologétique et sur la méthode de la philosophie dans l’étude du probleme religieux (1896) y Histoire et Dogme (1904). La primera plantea el problema de las relaciones entre fe y filosofía, criticando al racionalismo que propicia una «filosofía separada» de toda fe o creencia, y esforzándose por precisar el camino de una «filosofía cristiana» que evite lo que, a su juicio, sería una prematura unión entre filosofía y teología. En la segunda – que vio la luz poco después de L’Évangile et l’Église de Loisy- quiere encontrar un camino que evite tanto la pobreza filosófica del historicismo, como una insuficiente valoración del papel de los hechos históricos en el desarrollo del conocimiento. Publicó también en este periodo muchos otros artículos acerca de la fe, del milagro y del valor histórico de los dogmas. Muchos borradores inéditos muestran su constante preocupación por elaborar un programa de «Apologética integral» (cfr. R. St. Jean, L’apologétique philosophique… o. c. en bibl.). Otros artículos, más expresamente filosóficos, se aplican a detectar la persistencia de ideas religiosas en el sustrato de sistemas filosóficos modernos: Le christianisme de Descartes ( 1896), L ‘évolution du spinozisme (1894); otros intentan orientar la filosofía hacia un método que venza la antítesis idealismo-realismo: L ‘iausion idéaliste ( 1898), Le point de départ de la recherche philosophique (1906).
    Entre 1913 y 1934 (otros 20 años de intenso trabajo), B. abandona las controversias y se recoge en una renovada meditación. Algunas publicaciones dejan entrever la temática y amplitud de la tarea que emprende. Un grupo está constituido por artículos de carácter histórico: L’anticartésianisme de Malebranche (1916), Le jansénisme et l’antijansénisme de Pascal (1923), una biografía de Ollé-Laprune (1923), la reelaboración de su tesis latina Une énigme historique: le «vinculum substantiale» d’apres Leibniz et l’ébaucht! d’un réalisme supérieur (1930), y algunos artículos sobre S. Agustín (1930). Otro grupo de artículos muestra la constancia de su inquietud por la filosofía religiosa: Le probleme de la mystique (1925), y un volumen con el cual interviene en la célebre polémica desatada por Bréhier y Gilson acerca de la filosofía cristiana: Le probleme de la philosophie catholique (1932), seguido por varios artículos y respuestas a objeciones. Por último, un tercer grupo de artículos de este periodo responden a problemas del momento, especialmente de carácter político-social: un debate acerca de la Acción Francesa de Maurras (1927), una contribución importante a la Semana Social de Francia: Patrie et Humanité (1928), y artículos breves acerca del problema educacional (1929).
    En 1934, B. tiene 73 años, salud precaria y una ceguera casi completa, a la cual pronto se añadirá la sordera. Su espíritu, sin embargo, vive tan intensamente como en su juventud. Una tras otra, publica tres obras de envergadura: La Pensée (2 vol. 1934), L’Etre et les etres (1935) y L’Action (2. vol. 1936-37). Este conjunto ha sido denominado «trilogía», pero debe hablarse más bien de «tetralogía», ya que otra obra de gran aliento coronará pronto el conjunto: La Philosophie et l’esprit chrétien (2 vol. 1944-46), última en ejecución, pero primera y constante en la intención. Debía seguir un tercer vol. de ella, pero en su lecho de muerte, el anciano octogenario sólo alcanzó a disponer la edición de dos estudios anteriores reunidos bajo el título Exigences philosophiques du christianisme (1950). Se extinguió suavemente en su residencia de Aix, a los 88 años de edad.
    2. «L ‘ Action» ( 1893). Hemos visto que surgió al soplo de dos inquietudes, la del cristiano y la del filósofo. Como cristiano, B. cree que el hombre está ordenado al fin sobrenatural de la adopción divina en Cristo. Como filósofo, piensa que la sola razón, si bien no puede hacer esta afirmación de fe, no puede tampoco desinteresarse del destino humano: tiene fuerza suficiente para develar, en la misma descripción del actuar, las implicaciones necesarias que permitan discernir su dirección y el vacío ineludible que sólo un don anhelado pero gratuito puede colmar. Por eso asigna a la filosofía un objeto central de estudio: la acción. En su acepción blondeliana, este término denota todo el encadenamiento de la actividad humana, desde su sustrato cósmico y orgánico hasta la síntesis superior del pensar y del querer. B. piensa que así renueva profundamente la problemática filosófica: en lugar del Pienso cartesiano, del Debo kantiano, o del Quiero schopenhaueriano, podría decirse que comienza con un «Actúo» para afrontar el más profundo y universal de los problemas: «¿Sí o no, la vida humana tiene un sentido y el hombre un destino?» (L’ Action, intr.).
    El problema y el punto de partida inspiran el método. Para ser estrictamente filosófico debe versar acerca de lo universal y necesario, esto es, no puede reducirse a una descripción psicológica (aunque también la asuma), sino que debe atender a las verdades lógicas trascendentes implicadas en el actuar humano. De otra parte tampoco quiere desembocar en seguida en un discurso de orden ontológico, lo que -piensa- sería prematuro. Hay que -dice- diferir toda afirmación ontológica para elaborar una «crítica de la vida», limitándose provisionalmente al estudio de los fenómenos, los estados de conciencia y las nociones que expresan relaciones de interdependencia. Es un método fenomenológico (B. empleó este término en su soutenance: cfr. Études Blondéliennes, I, 86), descriptivo, que irá ganando densidad ontológica a medida que las implicaciones de la acción vayan desplegando una «historia natural» y desembocando en la inevitabilidad de una opción o decisión efectiva de la práctica, que dará «vida» o «muerte» a la acción al resolverse frente a la última alternativa a que conduce esta marcha.
    El blondeliano es también un método dialéctico. «Sí o no»: ambas posibilidades son seguidas en todas sus implicaciones lógicas para descubrir sus significaciones. La dialéctica entre religión y filosofía resulta así, piensa, enriquecedora para ambas, que aislarlas en dominios herméticamente separados: «entre la creencia y la ciencia, me ha parecido que hay un punto de encuentro permanente, es la acción: en ella, los dos órdenes que habían sido superpuestos, yuxtapuestos u opuestos, se componen en una mutua compenetración. Al mostrar cómo las verdades más positivas se extraen de la acción, me preparo a extraer de la acción las verdades trascendentes que están allí ya inmanentes» (carta a G. Perrot: Lettres Philosophiques, París 1961, 35-36). B. admitió que su método se denominara «de inmanencia», a condición que se distinguiera absolutamente de la doctrina de inmanencia.
    Esta dialéctica lleva a la filosofía, en cierto modo, a negarse a sí misma, es decir, a reconocer su insuficiencia para la vida. La acción efectiva y concreta contiene más que la idea, el motivo y el querer de los cuales broto: este más, a su vez, trae una riqueza aleccionadora imprevista que repercute en la sabiduría y construye la vida real, «realiza» el ser. «Conocer no exime de actuar, pero actuar puede dispensar de conocer». Por este rasgo de su método, E. quiere, de una parte, abrir a un saber meta-filosófico, y de otra dar a la filosofía misma un carácter «practicante», a constituirlo como un modo de vivir sin que pierda nada de su rigor y seriedad intelectual. Preludia también el tema de la dramaticidad de la libertad, que será vulgarizado por los existencialismos posteriores.
    Sigamos ahora la marcha y etapas del pensar blondeliano a través de las cinco partes de L’Action. Ante todo se enfrenta a la solución negativa que renuncia de partida a admitir el problema. E. tiene en cuenta aquí al agnosticismo absoluto, al escepticismo y al dilettantismo del sentir y actuar sin querer nada: pura voluntad expresada en la fórmula Nolo volle, no quiero querer, que equivale a Volo nolle, quiero no querer, flagrante contradicción. Por tanto, queremos. ¿Qué debemos o podemos querer? ¿Podríamos querer la nada? La contradicción de esta posición es aún más clara: todo pesimismo y aun el acto suicida implican la afirmación de algo. La solución al problema de la acción, por tanto, no puede ser sino positiva: queremos, no podemos no querer: «en mis actos, en el mundo, en mí, fuera de mí, no sé dónde ni qué, hay algo» (p. 41).
    ¿Qué es este algo? La 3ª parte, que ocupa dos tercios de toda la obra, asciende en su búsqueda. Partiendo del hecho básico de las sensaciones, se descubre al sujeto de esos actos, quien, para asegurar su existencia, organiza los sistemas objetivos de esos fenómenos, es decir, construye las ciencias positivas. Se descubre allí a la voluntad de síntesis que anima al sujeto creador de ciencia. Se descubre también, y sobre todo, a la libertad de ese sujeto enfrentado al determinismo del mundo fenoménico de la naturaleza: la conciencia es una síntesis de actos elementales, orgánicos y psicológicos en una unidad trascendente, capaz de elevarse sobre ellos y originar una decisión valiéndose de todo ese determinismo. Pero no basta cualquier decisión: esa libertad se manifiesta solicitada por valores y móviles que están más allá de lo concebible. Va más allá cuando realiza efectivamente la acción. Entonces moviliza al cuerpo, a los instrumentos y al mundo. Ellos oponen una resistencia y, a su vez, dictan sus condiciones a la voluntad actuante; hay en ellos una energía comparable a la de la voluntad que constituye el hilo transversal con el cual se teje la tela de nuestro actuar y ser. No hacemos todo lo que queremos, y no hemos querido todo lo que resultó hecho.
    Actuar es, por consiguiente, entregarse al universo para hacerlo conforme a un designio. Otro concurso se manifiesta indispensable: el de los demás. La cooperación con los demás se efectúa de varios modos (tradición, educación, arte, etc.), pero más allá todavía, la voluntad tiende a una unión real y total: el amor. Así, la acción engendra la familia; la patria, que brota de una conciencia colectiva que se da un destino; la humanidad, que constituye una inmensa ampliación de la conciencia y permite ver en el esclavo, salvaje, pobre o enfermo a otro sí mismo. En cada una de estas cristalizaciones se advierte un mismo impulso obstinado: el hombre trata de adecuarse a sí mismo, pero nunca lo consigue plenamente; hay en él un dinamismo fundamental (volonté voulante) perpetuamente inadecuado por sus realizaciones (volontés voulues).Cada realización el hombre la ha querido infructuosamente porque, en definitiva, quiere el Todo; bajo la forma de un vacío, encontramos la presencia del Infinito. Puede aún, mediante «acciones supersticiosas», situar a ese Infinito en algún objeto a su medida; pero una vez más resulta un intento frustrado de absolutizar lo relativo. ¿Oué nos queda? Al haber agotado todas las posibilidades naturales, incluso las de la Totalidad, no queda más que mantener una abertura y atención hacia el Infinito por si viniese al encuentro del hombre: la hipótesis de lo sobrenatural.
    ¿Debe la filosofía terminar su marcha en este umbral de la religión revelada? B. no lo piensa. No podrá la filosofía formular afirmaciones que sólo pertenecen al dominio de la fe; pero puede estudiar lo sobrenatural como una hipótesis en la perspectiva de lo recorrido, analizar la inteligibilidad de los dogmas y su coherencia, el valor y significación de la «práctica literal», así como la estética filosófica se interesa por estilos y escuelas artísticas, y la filosofía de las ciencias por las hipótesis, métodos y lenguaje de la ciencia positiva.
    3. La «tetralogía». Sustancialmente, las obras que forman la tetralogía contienen el mismo argumento de L’ Action de 1893. En la intención de B., sin embargo, constituyen una vigorosa ampliación, maduración y acabamiento de su tesis de doctorado, con el propósito de darle forma más estrictamente filosófica, simplificar las expresiones, prevenir las objeciones, y separar las tres primeras obras, que tocan los temas fundamentales de la filosofía, de la cuarta sobre el espíritu cristiano, que sería más bien una «filosofía del cristianismo».
    La Pensée quiere ser una «historia natural» del pensar, desde su génesis cósmica hasta sus formas superiores en la conciencia y en la ciencia. La inadecuación cartesiana entre pensar y ser, B. la sustituye por la inadecuación constante del pensar respecto a su destino integral. El entero orden especulativo, que incluye sentir, conocer, idear, razonar, no basta para la vida de la acción. La razón de ello se encuentra, piensa B., en que el mismo pensar está constituido por dos impulsos irreductibles, pero complementarios: el pensar «noético», conceptualizador y universalizante, y el pensar «pneumático», diversificador y propulsor. Pero éstas no son formas de algún «yo puro» o «ego trascendental» sino de la actividad intelectual en su inseparable unidad sintética con el universo. Tres órdenes progresivos aparecen así discernibles: 1° el orden de los signos y del lenguaje, como pensamiento pensado; 2° el orden del Absoluto implicado en el pensar, que devela al Pensamiento Pensante y trascendente; y 3° el orden receptivo en el que el pensar es iluminado y elevado más allá de su potencia natural. En todos ellos aparece imposible que el pensar se cierre en una esfera autosuficiente: es necesario integrar en él algo que le permanece siempre irreductible.
    L ‘Etre et les etres quiere ser el estudio de ese «más allá». A partir de nuestro sentiment d’etre (no de la noción de ser) compara los diversos grados dados a nuestra experiencia: materia, vida, persona, sociedades, universo entero. La constante inadecuación se reencuentra aquí: son y no son, subsisten en devenir; conducen a la necesidad lógica de la afirmación del ser en sí. Se trata, en verdad, de una reedición del argumento ontológico. El blondeliano, sin embargo, va más allá de las formas anselmiana, cartesiana o leibniziana, porque no se mueve en el plano de la sola abstracción, sino que aspira a obtener su verificación en la práctica consecuente a la buena opción. Afirmado el Ser en sí surge el tema de la relación a él de los seres contingentes. B. responde elaborando una ontología concreta de los seres creados, que devela una evolución tendencial que es una verdadera gestación de seres u ontogénesis, y en ella busca desentrañar una canónica del devenir y consolidación de los seres, condición para que realicen el designio del cual proceden, y alcancen el destino a que están ordenados: B. la llama Normativa. Repasando los grados de seres, se encuentra que ejercen diversas funciones normativas: la materia es la expresión de la universal contingencia, la vida es la organización dinámica de fuerzas cósmicas para servir de soporte al espíritu, que es a la vez inquietud y empuje hacia el Ser, hacia Dios.
    En la reelaboración de L ‘ Action (3ª obra de la tetralogía), B. afronta en el primer tomo un problema paralelo al visto en L’Etre: ¿Cómo es posible que verdaderamente actúen causas segundas, dándose la acción de la Causa Primera Universal? El filósofo recoge todas las aporías presentadas al respecto) conduciendo el raciocinio a la especificación de las diversas causalidades segundas. El 2° tomo rehace el itinerario de la primera Action, aunque sin la espontaneidad del primer brote juvenil. El lenguaje se simplifica y la exposición, aunque recargada por las repeticiones, destaca las líneas de fondo de toda la obra blondeliana.
    La Philosophie et l’Esprit Chrétien es un intento de instaurar una filosofía de los dogmas católicos que complete los tres libros anteriores: todos ellos querían mostrar nuestras aspiraciones e influencias naturales; Esprit Chrétien quiere por su parte examinar cómo responden los misterios del catolicismo a esos enigmas filosóficos.
    JORGE HOURTON.
    4. Difusión y alcance de las ideas blondelianas. Como ya se ha dicho, la obra de B. suscitó, desde la publicación de la primera edición de L’Action, amplio eco en uno u otro sentido. B., propiamente hablando, no ha dejado una escuela. Cabe, sí, señalar una influencia suya, más o menos clara o difusa, en numerosos ambientes y autores, especialmente franceses. Así, p. ej., influye en algunos pensadores neoescolásticos, concretamente en J. Marechal y, a través de él, en K. Rahner, aunque la inspiración de este último es más bien heideggeriana. Diversos espiritualistas, corno J. Lacroix, J. Guitton, P. Ricoeur, recogen también algunas de sus ideas. La filosofía de la religión de H. Duméry parte de una exégesis blondeliana. En el terreno de la Apologética o Teología fundamental se inspira en él, p. ej., H. Bouillard. Algo análogo puede decirse de la teología de la fe de P. Rousselot y R. Aubert, etc.
    Las críticas de los inicios también han continuado repitiéndose. Afectan fundamentalmente a dos puntos: la gratuidad de lo sobrenatural, y el valor del conocimiento humano. La enc. Pascendi, con la que Pío X condenó al modernismo, incluye un párrafo que ha sido a veces interpretado como referido a B. o a autores inspirados en él; es el párrafo en que Pío X se refiere a quienes «si bien rechazan la doctrina de la inmanencia, como tal doctrina, la emplean, no obstante, para una finalidad apologética; y esto lo hacen tan sin cautela que parecen admitir en la naturaleza humana no sólo una capacidad o conveniencia para el orden sobrenatural, sino una verdadera y auténtica exigencia» (A AS, 40, 1907, 631 ). En las obras de su segundo periodo B. se esfuerza por matizar su pensamiento, poniendo de relieve que la naturaleza humana tiene una indigencia, pero no una exigencia de lo sobrenatural. Sus explicaciones, sin embargo, no siempre han parecido suficientes (cfr. A. Gaboardi, Il metodo d’inmanenza, en Problemi ed orientamenti di Teologia dogmatica, II, Milán 1957,75-85).
    El otro punto -el referente al valor del conocimiento humano- fue planteado por J. Maritain en una conferencia dada en 1923 en París sobre el tema L ‘intelligence et la philosophie de M. Blondel (incluida luego en Reflexions sur l’intelligence, 2 ed. París 1930). En ella sostiene Maritain que B., aunque reacciona fuertemente frente al racionalismo, sigue en parte influido por él y precisamente en lo que se refiere a la comprensión de la vida de la inteligencia en la que -dice- confunde a la razón con una razón entendida de modo racionalista. De ahí que no vea más camino para oponerse al racionalismo que negar las mismas fuerzas de la razón postulando que la inteligencia por sí sola (es decir, no acompañada de la voluntad como ocurre en el orden místico, etc.) no alcanza un verdadero conocimiento y orientando la apologética por la línea de la indigencia, en lugar de hacerlo por la línea de la apertura a la verdad.
    JOSEMARÍA REVUEL TA.

    JORGE HOURTON.
    BIBL. : Es muy numerosa; bibl. completa sobre B. hasta 1951 por A. HAYEN, Bibliographie blondélienne (1881-1951), París 1953; complemento hasta 1961 por A. COSTA en la rev. italiana «Teoresi» XVII, 4 (1962) 295-320. Hay reeditadas muchas obras de B. después de su muerte, por la asociación Les Amis de M. Blondel y por otros; después de 1961 se han publicado las siguientes: Carnets intimes, I (1883-94), II (1894-1949), París 1961 y 1966; Blondel et T. de Chardin, Correspondance, París 1965; M. Blondel et A. Valensin, Correspondance, III (1912-47), París 1965 (I y II en 1957); Attente du Concile, París 1963 (textos escogidos); Dialogues avec les philosophes, París 1966 (diversos artículos); ltinéraire Philosophique, París 1966; Correspondance Blondel-Werhlé, París 1969. Trad. esp.: Exigencias filosóficas del cristianismo, trad. J. HOURTON, Barcelona 1966; El punto de partida de la investigación filosófica, trad. I. HOURTON, Barcelona 1967; La ilusión idealista, trad. o. ARGERAMI, en «Rey. de Filosofía de la Univ. Nacional de La Plata», 19 (1967) 99-114. Estudios sobre B. más importantes y recientes: J. ROIG GIRONELLA, La Filosofía de la acción, Madrid 1943; C. TRESMONTANT, lntroduction a la métaphysique de M. Blondel, París 1963; H. DUMTRY, Raison et religion dans la philosophie de I’action, París 1963; J. LACROIX, M. Blondel, París 1963; M. RENAULT, Determinisme et liberté dans I’ Action de Blondel, Lyon 1965; R. SAINT JEAN, Génese de I’Action: Blondel 1882-1893, París 1965; ÍD, L’Apologétique philosophique: Blondel 1893-1913, París 1966; H. BOUILLARD, Blondel y el cristianismo, Madrid 1966; C. FABRO (dir.), Historia de la Filosofía II, Madríd-México 1965, 360-365 (bibl. en 406-407); O. ARGERAMI, Pensar y ser en M. Blondel, Buenos Aires 1967; J. DÍEZ DIEZ, El significado de «L’Action (1893)), Ensayo de filosofía blondeliana, Madrid 1969.

    Tomado de la GER

  2. Juan Jesús Says:

    Maurice Blondel, filósofo francés, n. en Dijon el 2 nov. 1861 y m. en Aix-en-Provence el 4 jun. 1949.
    1. Biografía y obras. Descendiente de una antigua familia borgoñesa de profunda raigambre católica, B. cursó sus primeros estudios en el Liceo y los prolongó en la Universidad, donde obtuvo la Licencia en Letras y el Bachillerato en Derecho. A los 20 años fue admitido en la École Normale Supérieure, donde tuvo como profesores a Emile Boutroux y a Léon Ollé-Laprune, y como condiscípulos, entre otros, a Víctor Delbos y a Pierre Duhem. A mediados de 1884 comenzó a ejercer la docencia, pero pronto se retiró a la casa de campo familiar en Saint Seine-sur-Vingeanne, para preparar su tesis doctoral. Ya desde 1882 estaba decidido a estudiar la acción humana y su sentido, tema y perspectiva inéditos en la filosofía francesa de la época, ya que el término acción ni siquiera figuraba en el voluminoso Dictionnaire des sciences philosophiques de A. Franck. La intuición, largamente meditada y madurada, dio por resultado una obra pacientemente construida, tres veces redactada por completo y por fin presentada en la Sorbona el 7 jun. 1893 ante un jurado compuesto por Boutroux, Janet, Brochard y Séailles. Publicada el mismo año en la Bibliotheque de Philosophie Contemporaine (Alcan, 1 vol., 492 págs.), llevaba como título completo: L’ Action, Essai d’une critique de fa vie et d’une science de fa pratique.
    Las coordenadas esenciales de esta obra han de buscarse en la precedente experiencia religiosa de su autor. Durante sus años de estudio, había sido dolorosamente impresionado por la indiferencia religiosa de vastos sectores de la intelectualidad francesa, cuyo rigor científico y afán intelectual compartía, y con los que quiere entablar un diálogo filosófico que les lleve a plantearse con hondura las cuestiones religiosas. Junto a esas preocupaciones apologéticas, y, en gran parte, por encima de ellas, L’Action procede también de una intención filosófica estricta. En un ambiente saturado de cientifismo positivista y de idealismo neocriticista, B. se propuso rehabilitar el análisis reflexivo, como paralelamente comenzaba a intentarlo Bergson, no ya del fenómeno tan huidizo de la conciencia, sino de la realidad más concreta e inmediata dada a nuestra experiencia, la acción. Describir su génesis y desarrollo, develar sus condiciones e implicaciones, trazar su sentido y sus exigencias, es en síntesis el proyecto blondeliano.
    La acogida tributada a L’ Action fue muy variada. En los círculos universitarios se reconoció la nobleza moral de la obra, pero se le acusó de hacer depender la filosofía de una inspiración religiosa positiva, desconociendo su autonomía. Por esta razón se negó a B. una cátedra en la enseñanza oficial, lo que le hirió profundamente; sólo dos años más tarde, moviendo algunas influencias, obtuvo su nombramiento en Aix-en-Provence, donde enseñaría ininterrumpidamente hasta 1927. Entre los católicos la acogida no fue unánime. Hubo quienes desde el primer momento apreciaron L’ Action como una obra que marcaba un hito en el pensamiento religioso francés; rápidamente afluyeron discípulos entusiastas y amigos: Paul Mulla, convertido al islamismo, Augusto Valensin, prometedor estudiante jesuita, y L. Laberthonniere, oratoriano, fogoso antiescolástico. Otros señalaron en cambio que el intento blondeliano, cuya buena intención intelectual reconocían, implica el riesgo de racionalizar el cristianismo, de ceder al subjetivismo kantiano y de debilitar las pruebas apologéticas tradicionales. La cuestión se hace más grave con la crisis modernista, dadas las relaciones con B. mantenidas por algunos de sus protagonistas. Todo ello llevó a B. a un esfuerzo intelectual para precisar más sus posiciones más propiamente apologéticas y definir mejor su proyecto de constituir una Apologética de carácter filosófico en la que el estudio de la acción abriera a la consideración del orden cristiano presentado como aquel donde la acción obtiene su plena inteligibilidad.
    En los 20 años siguientes a L’Action, B. trabaja afanosamente en esta línea apologética. Dos nuevas publicaciones fundamentales ven la luz: Lettre sur les éxigences de la pensée contemporaine en matiere d’apologétique et sur la méthode de la philosophie dans l’étude du probleme religieux (1896) y Histoire et Dogme (1904). La primera plantea el problema de las relaciones entre fe y filosofía, criticando al racionalismo que propicia una «filosofía separada» de toda fe o creencia, y esforzándose por precisar el camino de una «filosofía cristiana» que evite lo que, a su juicio, sería una prematura unión entre filosofía y teología. En la segunda – que vio la luz poco después de L’Évangile et l’Église de Loisy- quiere encontrar un camino que evite tanto la pobreza filosófica del historicismo, como una insuficiente valoración del papel de los hechos históricos en el desarrollo del conocimiento. Publicó también en este periodo muchos otros artículos acerca de la fe, del milagro y del valor histórico de los dogmas. Muchos borradores inéditos muestran su constante preocupación por elaborar un programa de «Apologética integral» (cfr. R. St. Jean, L’apologétique philosophique… o. c. en bibl.). Otros artículos, más expresamente filosóficos, se aplican a detectar la persistencia de ideas religiosas en el sustrato de sistemas filosóficos modernos: Le christianisme de Descartes ( 1896), L ‘évolution du spinozisme (1894); otros intentan orientar la filosofía hacia un método que venza la antítesis idealismo-realismo: L ‘iausion idéaliste ( 1898), Le point de départ de la recherche philosophique (1906).
    Entre 1913 y 1934 (otros 20 años de intenso trabajo), B. abandona las controversias y se recoge en una renovada meditación. Algunas publicaciones dejan entrever la temática y amplitud de la tarea que emprende. Un grupo está constituido por artículos de carácter histórico: L’anticartésianisme de Malebranche (1916), Le jansénisme et l’antijansénisme de Pascal (1923), una biografía de Ollé-Laprune (1923), la reelaboración de su tesis latina Une énigme historique: le «vinculum substantiale» d’apres Leibniz et l’ébaucht! d’un réalisme supérieur (1930), y algunos artículos sobre S. Agustín (1930). Otro grupo de artículos muestra la constancia de su inquietud por la filosofía religiosa: Le probleme de la mystique (1925), y un volumen con el cual interviene en la célebre polémica desatada por Bréhier y Gilson acerca de la filosofía cristiana: Le probleme de la philosophie catholique (1932), seguido por varios artículos y respuestas a objeciones. Por último, un tercer grupo de artículos de este periodo responden a problemas del momento, especialmente de carácter político-social: un debate acerca de la Acción Francesa de Maurras (1927), una contribución importante a la Semana Social de Francia: Patrie et Humanité (1928), y artículos breves acerca del problema educacional (1929).
    En 1934, B. tiene 73 años, salud precaria y una ceguera casi completa, a la cual pronto se añadirá la sordera. Su espíritu, sin embargo, vive tan intensamente como en su juventud. Una tras otra, publica tres obras de envergadura: La Pensée (2 vol. 1934), L’Etre et les etres (1935) y L’Action (2. vol. 1936-37). Este conjunto ha sido denominado «trilogía», pero debe hablarse más bien de «tetralogía», ya que otra obra de gran aliento coronará pronto el conjunto: La Philosophie et l’esprit chrétien (2 vol. 1944-46), última en ejecución, pero primera y constante en la intención. Debía seguir un tercer vol. de ella, pero en su lecho de muerte, el anciano octogenario sólo alcanzó a disponer la edición de dos estudios anteriores reunidos bajo el título Exigences philosophiques du christianisme (1950). Se extinguió suavemente en su residencia de Aix, a los 88 años de edad.
    2. «L ‘ Action» ( 1893). Hemos visto que surgió al soplo de dos inquietudes, la del cristiano y la del filósofo. Como cristiano, B. cree que el hombre está ordenado al fin sobrenatural de la adopción divina en Cristo. Como filósofo, piensa que la sola razón, si bien no puede hacer esta afirmación de fe, no puede tampoco desinteresarse del destino humano: tiene fuerza suficiente para develar, en la misma descripción del actuar, las implicaciones necesarias que permitan discernir su dirección y el vacío ineludible que sólo un don anhelado pero gratuito puede colmar. Por eso asigna a la filosofía un objeto central de estudio: la acción. En su acepción blondeliana, este término denota todo el encadenamiento de la actividad humana, desde su sustrato cósmico y orgánico hasta la síntesis superior del pensar y del querer. B. piensa que así renueva profundamente la problemática filosófica: en lugar del Pienso cartesiano, del Debo kantiano, o del Quiero schopenhaueriano, podría decirse que comienza con un «Actúo» para afrontar el más profundo y universal de los problemas: «¿Sí o no, la vida humana tiene un sentido y el hombre un destino?» (L’ Action, intr.).
    El problema y el punto de partida inspiran el método. Para ser estrictamente filosófico debe versar acerca de lo universal y necesario, esto es, no puede reducirse a una descripción psicológica (aunque también la asuma), sino que debe atender a las verdades lógicas trascendentes implicadas en el actuar humano. De otra parte tampoco quiere desembocar en seguida en un discurso de orden ontológico, lo que -piensa- sería prematuro. Hay que -dice- diferir toda afirmación ontológica para elaborar una «crítica de la vida», limitándose provisionalmente al estudio de los fenómenos, los estados de conciencia y las nociones que expresan relaciones de interdependencia. Es un método fenomenológico (B. empleó este término en su soutenance: cfr. Études Blondéliennes, I, 86), descriptivo, que irá ganando densidad ontológica a medida que las implicaciones de la acción vayan desplegando una «historia natural» y desembocando en la inevitabilidad de una opción o decisión efectiva de la práctica, que dará «vida» o «muerte» a la acción al resolverse frente a la última alternativa a que conduce esta marcha.
    El blondeliano es también un método dialéctico. «Sí o no»: ambas posibilidades son seguidas en todas sus implicaciones lógicas para descubrir sus significaciones. La dialéctica entre religión y filosofía resulta así, piensa, enriquecedora para ambas, que aislarlas en dominios herméticamente separados: «entre la creencia y la ciencia, me ha parecido que hay un punto de encuentro permanente, es la acción: en ella, los dos órdenes que habían sido superpuestos, yuxtapuestos u opuestos, se componen en una mutua compenetración. Al mostrar cómo las verdades más positivas se extraen de la acción, me preparo a extraer de la acción las verdades trascendentes que están allí ya inmanentes» (carta a G. Perrot: Lettres Philosophiques, París 1961, 35-36). B. admitió que su método se denominara «de inmanencia», a condición que se distinguiera absolutamente de la doctrina de inmanencia.
    Esta dialéctica lleva a la filosofía, en cierto modo, a negarse a sí misma, es decir, a reconocer su insuficiencia para la vida. La acción efectiva y concreta contiene más que la idea, el motivo y el querer de los cuales broto: este más, a su vez, trae una riqueza aleccionadora imprevista que repercute en la sabiduría y construye la vida real, «realiza» el ser. «Conocer no exime de actuar, pero actuar puede dispensar de conocer». Por este rasgo de su método, E. quiere, de una parte, abrir a un saber meta-filosófico, y de otra dar a la filosofía misma un carácter «practicante», a constituirlo como un modo de vivir sin que pierda nada de su rigor y seriedad intelectual. Preludia también el tema de la dramaticidad de la libertad, que será vulgarizado por los existencialismos posteriores.
    Sigamos ahora la marcha y etapas del pensar blondeliano a través de las cinco partes de L’Action. Ante todo se enfrenta a la solución negativa que renuncia de partida a admitir el problema. E. tiene en cuenta aquí al agnosticismo absoluto, al escepticismo y al dilettantismo del sentir y actuar sin querer nada: pura voluntad expresada en la fórmula Nolo volle, no quiero querer, que equivale a Volo nolle, quiero no querer, flagrante contradicción. Por tanto, queremos. ¿Qué debemos o podemos querer? ¿Podríamos querer la nada? La contradicción de esta posición es aún más clara: todo pesimismo y aun el acto suicida implican la afirmación de algo. La solución al problema de la acción, por tanto, no puede ser sino positiva: queremos, no podemos no querer: «en mis actos, en el mundo, en mí, fuera de mí, no sé dónde ni qué, hay algo» (p. 41).
    ¿Qué es este algo? La 3ª parte, que ocupa dos tercios de toda la obra, asciende en su búsqueda. Partiendo del hecho básico de las sensaciones, se descubre al sujeto de esos actos, quien, para asegurar su existencia, organiza los sistemas objetivos de esos fenómenos, es decir, construye las ciencias positivas. Se descubre allí a la voluntad de síntesis que anima al sujeto creador de ciencia. Se descubre también, y sobre todo, a la libertad de ese sujeto enfrentado al determinismo del mundo fenoménico de la naturaleza: la conciencia es una síntesis de actos elementales, orgánicos y psicológicos en una unidad trascendente, capaz de elevarse sobre ellos y originar una decisión valiéndose de todo ese determinismo. Pero no basta cualquier decisión: esa libertad se manifiesta solicitada por valores y móviles que están más allá de lo concebible. Va más allá cuando realiza efectivamente la acción. Entonces moviliza al cuerpo, a los instrumentos y al mundo. Ellos oponen una resistencia y, a su vez, dictan sus condiciones a la voluntad actuante; hay en ellos una energía comparable a la de la voluntad que constituye el hilo transversal con el cual se teje la tela de nuestro actuar y ser. No hacemos todo lo que queremos, y no hemos querido todo lo que resultó hecho.
    Actuar es, por consiguiente, entregarse al universo para hacerlo conforme a un designio. Otro concurso se manifiesta indispensable: el de los demás. La cooperación con los demás se efectúa de varios modos (tradición, educación, arte, etc.), pero más allá todavía, la voluntad tiende a una unión real y total: el amor. Así, la acción engendra la familia; la patria, que brota de una conciencia colectiva que se da un destino; la humanidad, que constituye una inmensa ampliación de la conciencia y permite ver en el esclavo, salvaje, pobre o enfermo a otro sí mismo. En cada una de estas cristalizaciones se advierte un mismo impulso obstinado: el hombre trata de adecuarse a sí mismo, pero nunca lo consigue plenamente; hay en él un dinamismo fundamental (volonté voulante) perpetuamente inadecuado por sus realizaciones (volontés voulues).Cada realización el hombre la ha querido infructuosamente porque, en definitiva, quiere el Todo; bajo la forma de un vacío, encontramos la presencia del Infinito. Puede aún, mediante «acciones supersticiosas», situar a ese Infinito en algún objeto a su medida; pero una vez más resulta un intento frustrado de absolutizar lo relativo. ¿Oué nos queda? Al haber agotado todas las posibilidades naturales, incluso las de la Totalidad, no queda más que mantener una abertura y atención hacia el Infinito por si viniese al encuentro del hombre: la hipótesis de lo sobrenatural.
    ¿Debe la filosofía terminar su marcha en este umbral de la religión revelada? B. no lo piensa. No podrá la filosofía formular afirmaciones que sólo pertenecen al dominio de la fe; pero puede estudiar lo sobrenatural como una hipótesis en la perspectiva de lo recorrido, analizar la inteligibilidad de los dogmas y su coherencia, el valor y significación de la «práctica literal», así como la estética filosófica se interesa por estilos y escuelas artísticas, y la filosofía de las ciencias por las hipótesis, métodos y lenguaje de la ciencia positiva.
    3. La «tetralogía». Sustancialmente, las obras que forman la tetralogía contienen el mismo argumento de L’ Action de 1893. En la intención de B., sin embargo, constituyen una vigorosa ampliación, maduración y acabamiento de su tesis de doctorado, con el propósito de darle forma más estrictamente filosófica, simplificar las expresiones, prevenir las objeciones, y separar las tres primeras obras, que tocan los temas fundamentales de la filosofía, de la cuarta sobre el espíritu cristiano, que sería más bien una «filosofía del cristianismo».
    La Pensée quiere ser una «historia natural» del pensar, desde su génesis cósmica hasta sus formas superiores en la conciencia y en la ciencia. La inadecuación cartesiana entre pensar y ser, B. la sustituye por la inadecuación constante del pensar respecto a su destino integral. El entero orden especulativo, que incluye sentir, conocer, idear, razonar, no basta para la vida de la acción. La razón de ello se encuentra, piensa B., en que el mismo pensar está constituido por dos impulsos irreductibles, pero complementarios: el pensar «noético», conceptualizador y universalizante, y el pensar «pneumático», diversificador y propulsor. Pero éstas no son formas de algún «yo puro» o «ego trascendental» sino de la actividad intelectual en su inseparable unidad sintética con el universo. Tres órdenes progresivos aparecen así discernibles: 1° el orden de los signos y del lenguaje, como pensamiento pensado; 2° el orden del Absoluto implicado en el pensar, que devela al Pensamiento Pensante y trascendente; y 3° el orden receptivo en el que el pensar es iluminado y elevado más allá de su potencia natural. En todos ellos aparece imposible que el pensar se cierre en una esfera autosuficiente: es necesario integrar en él algo que le permanece siempre irreductible.
    L ‘Etre et les etres quiere ser el estudio de ese «más allá». A partir de nuestro sentiment d’etre (no de la noción de ser) compara los diversos grados dados a nuestra experiencia: materia, vida, persona, sociedades, universo entero. La constante inadecuación se reencuentra aquí: son y no son, subsisten en devenir; conducen a la necesidad lógica de la afirmación del ser en sí. Se trata, en verdad, de una reedición del argumento ontológico. El blondeliano, sin embargo, va más allá de las formas anselmiana, cartesiana o leibniziana, porque no se mueve en el plano de la sola abstracción, sino que aspira a obtener su verificación en la práctica consecuente a la buena opción. Afirmado el Ser en sí surge el tema de la relación a él de los seres contingentes. B. responde elaborando una ontología concreta de los seres creados, que devela una evolución tendencial que es una verdadera gestación de seres u ontogénesis, y en ella busca desentrañar una canónica del devenir y consolidación de los seres, condición para que realicen el designio del cual proceden, y alcancen el destino a que están ordenados: B. la llama Normativa. Repasando los grados de seres, se encuentra que ejercen diversas funciones normativas: la materia es la expresión de la universal contingencia, la vida es la organización dinámica de fuerzas cósmicas para servir de soporte al espíritu, que es a la vez inquietud y empuje hacia el Ser, hacia Dios.
    En la reelaboración de L ‘ Action (3ª obra de la tetralogía), B. afronta en el primer tomo un problema paralelo al visto en L’Etre: ¿Cómo es posible que verdaderamente actúen causas segundas, dándose la acción de la Causa Primera Universal? El filósofo recoge todas las aporías presentadas al respecto) conduciendo el raciocinio a la especificación de las diversas causalidades segundas. El 2° tomo rehace el itinerario de la primera Action, aunque sin la espontaneidad del primer brote juvenil. El lenguaje se simplifica y la exposición, aunque recargada por las repeticiones, destaca las líneas de fondo de toda la obra blondeliana.
    La Philosophie et l’Esprit Chrétien es un intento de instaurar una filosofía de los dogmas católicos que complete los tres libros anteriores: todos ellos querían mostrar nuestras aspiraciones e influencias naturales; Esprit Chrétien quiere por su parte examinar cómo responden los misterios del catolicismo a esos enigmas filosóficos.
    JORGE HOURTON.
    4. Difusión y alcance de las ideas blondelianas. Como ya se ha dicho, la obra de B. suscitó, desde la publicación de la primera edición de L’Action, amplio eco en uno u otro sentido. B., propiamente hablando, no ha dejado una escuela. Cabe, sí, señalar una influencia suya, más o menos clara o difusa, en numerosos ambientes y autores, especialmente franceses. Así, p. ej., influye en algunos pensadores neoescolásticos, concretamente en J. Marechal y, a través de él, en K. Rahner, aunque la inspiración de este último es más bien heideggeriana. Diversos espiritualistas, corno J. Lacroix, J. Guitton, P. Ricoeur, recogen también algunas de sus ideas. La filosofía de la religión de H. Duméry parte de una exégesis blondeliana. En el terreno de la Apologética o Teología fundamental se inspira en él, p. ej., H. Bouillard. Algo análogo puede decirse de la teología de la fe de P. Rousselot y R. Aubert, etc.
    Las críticas de los inicios también han continuado repitiéndose. Afectan fundamentalmente a dos puntos: la gratuidad de lo sobrenatural, y el valor del conocimiento humano. La enc. Pascendi, con la que Pío X condenó al modernismo, incluye un párrafo que ha sido a veces interpretado como referido a B. o a autores inspirados en él; es el párrafo en que Pío X se refiere a quienes «si bien rechazan la doctrina de la inmanencia, como tal doctrina, la emplean, no obstante, para una finalidad apologética; y esto lo hacen tan sin cautela que parecen admitir en la naturaleza humana no sólo una capacidad o conveniencia para el orden sobrenatural, sino una verdadera y auténtica exigencia» (A AS, 40, 1907, 631 ). En las obras de su segundo periodo B. se esfuerza por matizar su pensamiento, poniendo de relieve que la naturaleza humana tiene una indigencia, pero no una exigencia de lo sobrenatural. Sus explicaciones, sin embargo, no siempre han parecido suficientes (cfr. A. Gaboardi, Il metodo d’inmanenza, en Problemi ed orientamenti di Teologia dogmatica, II, Milán 1957,75-85).
    El otro punto -el referente al valor del conocimiento humano- fue planteado por J. Maritain en una conferencia dada en 1923 en París sobre el tema L ‘intelligence et la philosophie de M. Blondel (incluida luego en Reflexions sur l’intelligence, 2 ed. París 1930). En ella sostiene Maritain que B., aunque reacciona fuertemente frente al racionalismo, sigue en parte influido por él y precisamente en lo que se refiere a la comprensión de la vida de la inteligencia en la que -dice- confunde a la razón con una razón entendida de modo racionalista. De ahí que no vea más camino para oponerse al racionalismo que negar las mismas fuerzas de la razón postulando que la inteligencia por sí sola (es decir, no acompañada de la voluntad como ocurre en el orden místico, etc.) no alcanza un verdadero conocimiento y orientando la apologética por la línea de la indigencia, en lugar de hacerlo por la línea de la apertura a la verdad.
    JOSEMARÍA REVUEL TA.

    JORGE HOURTON.
    BIBL. : Es muy numerosa; bibl. completa sobre B. hasta 1951 por A. HAYEN, Bibliographie blondélienne (1881-1951), París 1953; complemento hasta 1961 por A. COSTA en la rev. italiana «Teoresi» XVII, 4 (1962) 295-320. Hay reeditadas muchas obras de B. después de su muerte, por la asociación Les Amis de M. Blondel y por otros; después de 1961 se han publicado las siguientes: Carnets intimes, I (1883-94), II (1894-1949), París 1961 y 1966; Blondel et T. de Chardin, Correspondance, París 1965; M. Blondel et A. Valensin, Correspondance, III (1912-47), París 1965 (I y II en 1957); Attente du Concile, París 1963 (textos escogidos); Dialogues avec les philosophes, París 1966 (diversos artículos); ltinéraire Philosophique, París 1966; Correspondance Blondel-Werhlé, París 1969. Trad. esp.: Exigencias filosóficas del cristianismo, trad. J. HOURTON, Barcelona 1966; El punto de partida de la investigación filosófica, trad. I. HOURTON, Barcelona 1967; La ilusión idealista, trad. o. ARGERAMI, en «Rey. de Filosofía de la Univ. Nacional de La Plata», 19 (1967) 99-114. Estudios sobre B. más importantes y recientes: J. ROIG GIRONELLA, La Filosofía de la acción, Madrid 1943; C. TRESMONTANT, lntroduction a la métaphysique de M. Blondel, París 1963; H. DUMTRY, Raison et religion dans la philosophie de I’action, París 1963; J. LACROIX, M. Blondel, París 1963; M. RENAULT, Determinisme et liberté dans I’ Action de Blondel, Lyon 1965; R. SAINT JEAN, Génese de I’Action: Blondel 1882-1893, París 1965; ÍD, L’Apologétique philosophique: Blondel 1893-1913, París 1966; H. BOUILLARD, Blondel y el cristianismo, Madrid 1966; C. FABRO (dir.), Historia de la Filosofía II, Madríd-México 1965, 360-365 (bibl. en 406-407); O. ARGERAMI, Pensar y ser en M. Blondel, Buenos Aires 1967; J. DÍEZ DIEZ, El significado de «L’Action (1893)), Ensayo de filosofía blondeliana, Madrid 1969.

    Tomado de la GER

  3. Juan Jesús Says:

    Blondel y su filosofía de la Acción:

    El presente estudio que quiero compartir, está estructurado en dos partes complementarias. Una primera parte la vida y obra de Maurice Blondel (1861-1949), y una segunda parte, el estricto análisis de la obra (Diálogo con Mauricio Blondel, por Michele Federico Sciacca). Y por último terminar con algunas conclusiones.

    Espero, que sea de agrado, así como Maurice Blondel nos ofrece una filosofía concreta, dinámica e integral, que toma en cuenta los problemas que más tienen que ver con la existencia humana. Desde luego, los primeros pasos de su pensamiento y, partiendo de la propia experiencia no podría ser dejado de lado en nuestra reflexión filosófica.

    PRIMERA PARTE:

    VIDA Y OBRA DE MAURICE BLONDEL (1861 – 1949)

    Maurice Blondel, “muy frágil” desde los dieciséis años, delgado, pequeño de estatura además no desmintió de ser la “raza fuerte” a la que pertenecía: nacido el 2 de noviembre de 1861 en Dijon, un día antes de su muerte, a los ochenta y nueve años, firmó el contrato del libro, publicado como póstumo, Exigencias filosóficas del Cristianismo[1].

    Meditabundo y de vigorosa vida interior, recogido y alejado de la mundanidad, ya a los seis años, era un entusiasta, un optimista, también un poeta, si la palabra significa saber ver la belleza de la naturaleza y de la vida. Se dice que de niño se alimentaba de insectos; pero al entomólogo, poeta y filósofo, le gustaban sus nombres expresivos, sus modos de vivir. Probablemente, si hubiese elegido esa vocación habría tenido otras alegrías, es indudable que le habrías sido ahorrados los fastidios que le ha proporcionado la filosofía. De salud frágil, ¡desde joven fue un deportista! Esgrima, equitación, pedestrismo; también practicó la caza como lo saben las tres liebres cobradas en una mañana.

    Perenne juventud, vivacidad y optimismo los conservó hasta su muerte: a los 85 años, en los paseos de algunos kilómetros por la campiña de Aix, con lo poco que le daban sus ojos y lo mucho que en ello ponía su corazón, se maravillaba de la belleza de esa naturaleza, como si la viese por vez primera.

    Se enorgullecía de ser francés de antigua y de pura sangre, de aquella sana burguesía provinciana aferrada al deber y a las tradiciones, católica casi por derecho de nacimiento; en efecto, nacido en provincias, vivió siempre allí, indiferente a la “Ville lumière”. A Luis Lavelle que, con alusión evidente a su estilo a veces oratorio y sobreabundante, le recordaba ser Dijon “patria de oradores”, a Blondel no le disgustaba haber nacido en la ciudad de Bossuet y de Lacordaire.

    La anécdota simboliza también la auténtica vocación de Blondel: la indagación filosófica al servicio de la religión cristiana, el firme convencimiento que la filosofía, en cuanto es indagación crítica exigente y radical, no puede no “abrirse” a la fe, no ser apologética.

    Esta idea – programa, que Blondel profundizó durante toda su larga vida de pensador, la tenía presente en la preparación de las dos tesis de doctorado también bajo el impulso de los escritos y de la palabra de su maestro León Ollé-Laprune, que desde 1881 a 1884 había oído en la Escuela Normal Superior. La tesis instituida La Acción: ensayo de una crítica de la vida y de una ciencia de la práctica fue aprobada en la Sorbona en 1893, no obstante las oposiciones harto significativas de algunos jueces que fieles a un racionalismo de moda, no reconocieron en ella un método de filosofar conforme a los cánones académicos.

    Blondel profesor de cuatro liceos de provincia, tras su breve estadía en Lille, fijó, desde 1896 hasta su muerte, su residencia en Aix, en cuya Universidad enseñó desde diciembre de 1897 a junio de 1927, cuando una enfermedad ocular lo obligó a dejar, antes de tiempo, su cátedra.

    La publicación de La Acción originó una tempestad de polémicas y críticas: “desde la izquierda”, el pensamiento laico oficial racionalista y positivista que negaba derecho de ciudadanía filosófica a la religión y hasta el problema de sus relaciones con la filosofía; retumbó, “desde la derecha”, el pensamiento no menos oficial de la ortodoxia tomista, que temía ver comprometida en la tesis la neta distinción entre el orden natural de la razón y el sobrenatural de la Gracia; Blondel, “en el centro”, se defendió por su parte, pero con poca esperanza de hacerse comprender en el justo sentido por unos y otros. A la Acción, punto de partida y de inspiración, le siguió una serie de escritos diversidad de temas y al mismo tiempo, unidad fundamental entre los cuales la famosa Carta sobre las exigencias del pensamiento contemporáneo en materia de apologética y sobre el método de la filosofía en el estudio del pensamiento religioso, de 1896 y la otra de 1904, no menos significativa sobre Historia y dogma. Pero ya por entonces se enfurecía la polémica modernista; Blondel, fiel a las enseñanzas de la Iglesia Romana no se dejó trastornar, resistió a cuantos modernistas y restauradores buscaron llevarlo a su lado; se encerró en el silencio por casi treinta años, fecundísimos de meditaciones, siendo única excepción el escrito polémico la semana social de Burdeos, de 1910, publicado en los “Anales de filosofía cristiana”, una de la voces más significativas del pensamiento social católico.

    Obras: durante esos treinta años maduró aquella serie de obras voluminosas, cuya publicación comenzó en 1932 con El problema de la filosofía católica, que se relaciona con Historia y Dogma, de 1904; siguieron los cinco tomos de la “Trilogía”: El pensamiento (1934), El ser y los seres (1935) y La Acción (1936), cuyo primer tomo es nuevo y el segundo reproduce parcialmente la tesis de 1893, aparte de los escritos póstumos e inéditos, los dos gruesos volúmenes de los tres proyectados sobre la filosofía y el espíritu cristiano, publicados entre 1944 y 1946, concluyen el itinerario intelectual de Maurice Blondel, ese “realismo integral” que ha tenido un solo motivo inspirador, en el fondo, más de carácter religioso que filosófico.

    La Acción, de 1893, no todavía ensombrecida por excesivos escrúpulos y preocupaciones, no recargaba por las repeticiones y las tiradas oratorias de las que sufren los escritos posteriores, también a causa de la enfermedad a la vista y luego al oído le obligó al viejo y tenaz filósofo dictar y hacerse leer por la fidelísima secretaria, la señorita Panis, que desde la muerte del maestro es la custodia diligentísima del “Archivo” de Aix y de su memoria. En el Congreso de filosofía “Descartes”, tenido en Pavía en 1937, en el momento de tomar la palabra frente al auditorio fijo y atento, el venerando pensador rindió su público tributo a la señorita Panis que lo acompañaba diciendo: “A ella le debo el que no sea aquí ni mudo ni iletrado”.

    A partir de 1938 y los de 1940 y 1947 señalan la curva ascendente de su “espiritualismo cristiano”. Además, dentro de sus obras existen muchas cartas publicadas en esta obra misma (Diálogo con Maurice Blondel)

    La filosofía de Maurice Blondel[2] puede considerarse, como las del espíritu Agustiniano – platónico, un “itinerario de la mente hacia Dios” según las exigencias fundamentales del hombre, pero es un itinerario nuevo, que ha contribuido, sobre todo a principios de nuestro siglo, a rejuvenecer la cultura católica en Francia en los ambientes eclesiásticos y también laicos, a renovar los esquemas escolásticos, a hacer repensar el tomismo, a promover estudios e investigaciones sobre la filosofía del Cristianismo y de historia de la filosofía que van desde los de los hermanos Auguste y Roberto Valensin a los otros teoréticos de Jacques Paliard, J. Chaix – Ruy, M Nédoncelle, H. Duméry, etc.; Se puede decir, que ha dejado interés en Italia y en Alemania. Filosofía personal y al mismo tiempo tradicional, renovadora de la problemática del pensamiento católico en contacto con las exigencias más vivas del pensamiento moderno contemporáneo, instigadora, durante más o menos un decenio, de discusiones y polémicas, ha tenido admiradores entusiastas y críticos radicales. Desde 1945 para acá, ha sido cribada serenamente en su perspectiva histórica, filtrada a través de un examen crítico, que ha puesto en evidencia los límites de un exigencialismo insuficiente, para fundar una metafísica, y de una especulación que en el fondo, no tiene problemas que resolver porque todos están resueltos implícitamente en la oposición de partida. Pero dejando de lado estos y otros relieves, el “realismo integral” sigue siendo uno de los testimonios más vivos, más ricos de sugestiones y despuntes geniales de nuestro tiempo: encuadra sobre motivos intrínsecos el problema de las relaciones entre filosofía y religión y reivindica al pensamiento concreto frente al pensamiento abstracto y nocional en nombre de un humanismo que tiene derecho de llamarse integral sólo si encuentra su cumplimiento en la revolución cristiana.

    Como propuesta Maurice Blondel nos enseña a “vivir” la filosofía de un modo particular y dentro de un determinado “clima” espiritual, como búsqueda y descubrimiento del sentido último de la existencia humana y de lo creado; posesión que participa de la vida espiritual en su integralidad y en su dinamismo interior, que, no obstante ser autónomo, implica la apertura a la religión cristiana; como logro del equilibrio altísimo y difícil, del orden de la inteligencia y de la caridad.

    Por tanto, personalmente el pensamiento cristiano no se puede quedar en Blondel, sino empezar a construir el sentido de la vida.

    Y por último como altamente educativo, el mensaje Blondeliano está simbólicamente expresado en el ex libris: dos espigas de grano que tienen encima un racimo de uvas coronado de pámpanos extendidos en las ramas de un árbol frutecido, sobre el cual trabaja una abeja; debajo de todo se leen las siguientes palabras: Per ea quae videntur et absunt ad ea quae non videntur et sunt. Frase de puro contenido platónico – agustiniano que está indicando el itinerario del hombre del mundo a Dios, de las cosas que aparecen y están ausentes a aquéllos, los valores eternos, que no aparecen y realmente son[3].

    SEGUNDA PARTE:

    ANÁLISIS DE LA OBRA DIÁLOGO CON MAURICIO BLONDEL, POR MICHELE FEDERICO SCIACCA)

    A modo de introducción a la obra: Diálogo con Mauricio Blondel, por Michele Federico Sciacca, recupera para la historia del pensar, para el hombre del siglo XX, las mejores tradiciones espirituales de occidente.

    Maurice Blondel, en primer lugar, fue la punta de una ola que habría de crecer sobre dos horizontes: el horizonte del pensamiento “religado” que cavando en el ser del hombre lo abre al misterio de la trascendencia y el horizonte de a praxis, la acción, con palabras Blondelianas.

    Con Blondel, por eso nace un nueva forma de filosofar: no se trata ya de pensar al hombre como ser “separado” como ser desligado de si fundamento; separación que luego curarían sucesivas y crecientes “alienaciones” en cuyas metas habita la muerte y la soledad. No; el pensamiento, la acción humana, implican siempre ya, una disposición, un ponerse y ser en a apertura ontológica que se hace del hombre un más que sí mismo, el mágnum mysterium señalado por San Agustín.

    También señalar en cuanto a Michele Federico Sciacca, trata de orientar a esa misma luz, que mira hoy y siempre, la misma meta y el mismo destino comprendiendo el sentido de la existencia.

    Además, esta obra según Sciacca, es asistir a un diálogo vivo y existencial, a un logos que va y viene de pensar Blondeliano y pensar de Sciacca. Y desde luego, es asistir a una dialéctica que resume toda la historia del ser que se revela en la tradición más alta de la filosofía y es cierto, abrirse a la comprensión de lo que hoy pasa en la tradición; que pasa hoy porque se trata de cosas que nunca pasan, verdaderamente: que en realidad se quedan con el hombre y habitan con él a lo largo de toda la historia.

    En este sentido podemos empezar a presentar esta obra. Ciertamente aclarar que me limitaré a un análisis valorativa y además para ser fiel a la obra citaremos en pie de página para su mayor veracidad.

    Maurice Blondel, para difundir sus ideas publica sus teorías en los “anales de la filosofía”. Su discurso de basa en el modo en que analiza el Cristianismo y la relación existente entre la religión y la filosofía. Todo su pensamiento se resume en “La Acción”.

    Blondel sostiene que la voluntad es el verdadero principio que mueve al hombre y no la razón. Y tratando sobre el problema de apologético concluye: “que ni ella (religión), ni la ciencia ni todo saber humano y el universo le bastan al hombre”[4]. También dirá: “es natural y siempre actual nuestro deseo de lo sobrenatural, pero es en sí ineficaz e insuficiente en cada momento de su actualidad”[5].

    En consecuencia esa voluntad se traduce en Acción.

    Es interesante cuando dice: “el cristianismo tiene dos aspectos, caritativo y especulativo, entrambos esenciales”[6].

    Es decir, el cristianismo es caridad, pero también verdad: la eficacia de la acción amorosa es socorrida y alimentada por la fuerza de la convicción racional, intelectum valde ama…[7]

    En este sentido la obra nos brinda un razonamiento filosófico, un alimento espiritual e intelectual, capaz de sostener nuestra vida cristiana, porque el es aspecto intelectual forma parte de los preámbulos racionales de la fe; pero esto no debe llevarnos a desconocer los límites de todo pensamiento y toda escuela.

    Hablando de la apologética dice: “hoy es necesario un método nuevo, porque no se puede hacer apologética en abstracto, sin tener en cuenta el ambiente cultural y psicológico en el cual se debe actuar”[8].

    Siguiendo un poco más sobre la apologética Blondel, está de acuerdo, como demuestra el cristianismo la vida interior, experiencia vivida y viviente, fermento de perfeccionamiento; por eso también la vida de santo vale más que tantos silogismos hilados y alineados en abstracto, pero es necesario de que el terreno teorético pase a ser práctico- social con el riesgo de limitar la apología del cristianismo católico[9].

    De esta manera pasamos a la problemática Blondeliana, tal vez es el punto central de su pensamiento. ¿La filosofía de La Acción es una filosofía? Aun hoy, esta pregunta no tiene respuesta de ¿sí o no?, porque el pensamiento filosófico Blondeliano no ha sido adecuadamente discutido y profundizado como contribución a la investigación especulativa[10].

    Es cierto que Juan Pablo II había dicho en un mensaje a Maurice Blondel como: pensador valiente y fiel a la Iglesia. Pero esto no bastó.

    Ahora respondiendo a la pregunta la filosofía de La Acción, ciertamente todavía incompleta y diremos bosquejada, es una filosofía[11].

    Si por filosofía se entiende una ciencia puramente racional y de abstractas y exangües referencias lógicas, la de Blondel no es filosofía, aunque no le falte estructura teorética; ¿pero es filosofía solamente un aparato exterior de formulas bien reunidas? Por lo demás, el desarrollo del pensamiento Blondeliano ha puesto en claro el carácter propiamente filosófico del “realismo integral”: “filosofía religiosa”, pero filosofía, a menos que quiera negar la posibilidad de una filosofía religiosa contra la esencia misma del filosofar, si es verdad como dice Blondel, que en La Acción es inmanente y siempre actual la presencia de la trascendencia, que explica el dinamismo de la acción misma[12].

    Por otra parte, la filosofía de La Acción no es una moral ni una descripción de las costumbres, sino indagación del dinamismo interno de la voluntad ciertamente con un significado rico y complejo al mismo tiempo[13].

    Considerando a Blondel como un trozo de El Pensamiento se puede decir: “no se puede tener conciencia de sí, si no tiene conciencia de un trascendente”[14]. Esta afirmación frente al realismo integral e idealismo positivista. Desde luego, el esfuerzo de Blondel ha sido precisamente profundizar el dinamismo integral del espíritu solicitado, aguijoneado, desde adentro, a trascenderse no hacia alguna cosa cualquiera, sino hacia la plenitud del Ser espiritual, que le es íntimo y lo domina un más allá que no es algo exterior, sino vida de nuestra vida interior.

    Es así, que según Blondel, la filosofía más desarrollada y crítica no se encierra jamás en sí misma, como un círculo perfecto y redondo, porque su proceso no está nunca absolutamente concluido y además el dinamismo interior del espíritu empuja siempre a sobre pasar toda satisfacción, que no puede no ser parcial.

    Además la filosofía de Blondel quiere realizar la unidad en la multiplicidad, la homogeneidad en la heterogeneidad[15].

    En cuanto conocer y obrar, Blondel explicita: “obrar es otra cosa aun que pensar; la idea de la acción no es no es la acción, la cual reforma, transforma y construye y su metafísica no es deductiva” “Según uno ha vivido, obrado, querido, amado, uno es otro, uno conoce de otra manera, se posee de otro modo, uno tiene de las cosas un tacto, una penetración, un gozo diferente”. Blondel afirma que el hombre se conoce verdaderamente en la acción porque allí se descubre; sin que la acción llegue a abolir el pensamiento, en cuanto lo influye en una prospectiva superior y lo potencia. También el conocimiento para Blondel, tiene un dinamismo esencial en virtud del cual pensar es ya obrar; no se trata de negar el valor del conocer, sino de descubrir al espíritu como vida viviente, asirlo en todo su dinamismo, en su fecundidad real como iniciativa y eficacia.

    En suma, el conocimiento está al servicio de la acción, pero no en forma pragmática, porque por medio de la acción el espíritu busca su finalidad suprema, su deber ser fundamental, imperativo anterior al conocer, su estímulo y guía[16].

    El fin absoluto que la constituye es Dios: sin él, la persona y los fines que realiza la familia, la sociedad, la patria, la humanidad, caen de la altura que solamente hace de ellos valores espirituales y humanos[17].

    Filosofar es seguir el dinamismo integral de La Acción; favorecer la actitud innata de buscar a Dios, descubrir nuestro esencial deseo de él, encarnarlo libremente en nuestra vida, reconocerlo y obedecerlo.

    Concluyendo el análisis de la obra: Blondel, se coloca en la gran tradición metafísica cristiana que explica al finito por medio del infinito; en la estructura del pensamiento y de la acción hay fuerzas inmanentes, energías que se actualizan con la presencia en nosotros del Absoluto: “La Acción es un llamado y un eco del infinito; de allí viene y allí va”[18].

    El dinamismo produce del infinito y va al infinito, antes también de la reflexión transforme al presentimiento o al sentimiento oscuro en idea de Dios; la conciencia, conociéndose y realizándose, busca el más allá interior, a Dios que está presente y la trasciende.

    La filosofía es búsqueda de un más allá no remoto y abstracto, sino interior a la búsqueda viviente, vida de la vida espiritual, principio y fin del movimiento integral del espíritu; por lo tanto conexión del orden de la inteligencia y de la caridad.

    Para Blondel, el ser implica el pensamiento y la acción, la acción, el ser y el pensamiento: realismo integral, precisamente; es el pleno riquísimo concepto de “espíritu” que es necesario tener presente si se quiere entender a la filosofía. Insistiendo: no hay pensamiento, para el filósofo de Aix, que como viviente, no sea también acción y no hay acción que no sea pensamiento[19].

    La filosofía de Blondel, apunta precisamente a la indagación filosófica como la aptitud para acoger humildemente a la Revelación, al Verbo encarnado, crucificado y resucitado, a fin de que el hombre se recupere y se actualice integralmente como persona[20].

    Se discutía y se discute todavía sobre La Acción y los escritos que la siguieron, pero las controversias desde 1983 han sido y siguen siendo más de carácter religioso – apologético que filosófico. Si esto es así, su pensamiento se puede insertar en la tradición y puede incluso armonizarse con el de Santo Tomás de Aquino.

    Sin duda a todas las objeciones que se puede hacer es afirmar que la de Maurice Blondel no es una filosofía sino una apologética[21].

    En este sentido, personalmente quiero rescatar su pensamiento con algunas preguntas ¿Si o No? ¿Tiene la vida humana un sentido? ¿Tiene el hombre un destino? Éste es el interrogante que ningún hombre puede evitar. Al igual que Blondel, la acción es la posibilidad de manifestar el amor y de este modo se abre el alma a Dios. Es decir, el amor abarca todas sus dimensiones ya sea individual, social, moral y sobre todo religiosa porque muestra la conexión íntima de esos diferentes aspectos. De aquí se sigue que nuestro obrar, todo hombre revela el poder de su ser y de su vida interior como vínculo profundo con su Creador. Así como el filósofo de Aix nos explica, que el alma religiosa encuentra su perfección en la práctica literal y sencilla de la religión revelada. Más allá de las maravillas dialécticas y las emociones fascinantes de la conciencia, se sitúa la acción por la que Dios penetra en nosotros. ¿Acaso no es así la eucaristía, que te abre a lo infinito y da al fiel lo infinito finito?

    En una época en la que el racionalismo y la crisis modernista desnaturalizaban la revelación y amenazaban la fe de la Iglesia, Maurice Blondel recordaba, en una visión positiva, que la acción permite vislumbrar el obrar divino, comprometido con nuestra carne, así como el vínculo entre el misterio de la gracia divina y la conciencia o la acción del hombre. Pero, al final de su exposición filosófica, Blondel nos lleva al umbral del misterio, pues no existe una medida común entre lo que proviene del hombre, esta acción a la que atribuye un poder tan grande, y lo que proviene de Dios.

    Esta obra no dejará de suscitar el asombro de filósofos y teólogos. Los primeros, porque Blondel parece demostrar demasiado; los últimos, porque demostrando, Blondel no parece observar suficientemente la distinción del orden natural y el orden sobrenatural. Pero a medida que los estudios sobre Blondel han ido progresando, ha aparecido con mayor claridad el rigor de toda la obra. La Acción nos permite captar, desde el punto de vista del creyente que utiliza el instrumento filosófico, que existe una armonía maravillosa entre la naturaleza y la gracia, entre la razón y la fe. Como en Pascal, el hombre a medio camino entre la nada y el todo, es conducido pacientemente a reconocer el precio divino de la vida.

    En un mundo en que el relativismo y el cientificismo aumenta, la tesis de Blondel es preciosa por su búsqueda de unificación del ser y por su preocupación por la paz intelectual: es el razonamiento de un creyente dirigido a los no creyentes, el razonamiento de un filósofo sobre lo que supera la filosofía; estimulando la búsqueda del vínculum, esta victoria de la conciencia por la que se alcanza la unidad del obrar humano, se revela la consistencia de todo lo que existe y se expresa la connaturalidad que establece un puente entre el misterio de Dios y la acción humana.

    Así, al finalizar este trabajo, quiero rescatar su pensamiento y vida, que supo aunar la crítica más rigurosa y la investigación filosófica más intrépida con el catolicismo más auténtico, sacando su inspiración de las fuentes de la tradición dogmática, patrística y mística. Esta doble fidelidad a ciertas exigencias del pensamiento filosófico moderno y al magisterio de la Iglesia no estuvo exenta de incomprensiones y sufrimientos, en un tiempo en que la Iglesia debía afrontar la crisis modernista, cuyos riesgos y errores Blondel había sido uno de los primeros en discernir. Alentado muchas veces por los Papas como León XIII, Pío X, Pío XI y Pío XII, Blondel prosiguió su obra aclarando incansable y obstinadamente su pensamiento, sin renegar de su inspiración.

    Los filósofos y los teólogos actuales que estudiamos la obra de Blondel debemos aprender de este gran maestro precisamente su valentía de pensador, unida a una fidelidad y a un amor indefectible a la Iglesia. La Iglesia, hoy como siempre, tiene necesidad de filósofos que no teman abordar las cuestiones decisivas de la vida humana, de la vida moral, de la vida política y de la vida espiritual, para preparar la adhesión y el testimonio de la fe, principio de acción, para dar razón de la esperanza y abrirse el ejercicio de la caridad. La Iglesia, además, tiene necesidad de teólogos que apoyándose en un sólido razonamiento filosófico, sean capaces de expresar el dato revelado, a fin de iluminar tanto a los fieles como a los no creyentes.

    Esperando el ejemplo de Maurice Blondel, creyente y filósofo, que de la intimidad con el Maestro (Jesús) tomó su deseo de la verdad, inspire a los filósofos cristianos de nuestros días, y pido a Jesús, sabiduría divina y reflejo de la gloria del Padre, que nunca nos deje de enviarnos su Espíritu para iluminar la inteligencia de cada uno de nosotros. De todo corazón estás invitado a La Acción.

    Enviado por:

    Juan Javier Carlo Q.
    Tomado de Monografías.com

  4. Juan Jesús Says:

    Blondel y su filosofía de la Acción:

    El presente estudio que quiero compartir, está estructurado en dos partes complementarias. Una primera parte la vida y obra de Maurice Blondel (1861-1949), y una segunda parte, el estricto análisis de la obra (Diálogo con Mauricio Blondel, por Michele Federico Sciacca). Y por último terminar con algunas conclusiones.

    Espero, que sea de agrado, así como Maurice Blondel nos ofrece una filosofía concreta, dinámica e integral, que toma en cuenta los problemas que más tienen que ver con la existencia humana. Desde luego, los primeros pasos de su pensamiento y, partiendo de la propia experiencia no podría ser dejado de lado en nuestra reflexión filosófica.

    PRIMERA PARTE:

    VIDA Y OBRA DE MAURICE BLONDEL (1861 – 1949)

    Maurice Blondel, “muy frágil” desde los dieciséis años, delgado, pequeño de estatura además no desmintió de ser la “raza fuerte” a la que pertenecía: nacido el 2 de noviembre de 1861 en Dijon, un día antes de su muerte, a los ochenta y nueve años, firmó el contrato del libro, publicado como póstumo, Exigencias filosóficas del Cristianismo[1].

    Meditabundo y de vigorosa vida interior, recogido y alejado de la mundanidad, ya a los seis años, era un entusiasta, un optimista, también un poeta, si la palabra significa saber ver la belleza de la naturaleza y de la vida. Se dice que de niño se alimentaba de insectos; pero al entomólogo, poeta y filósofo, le gustaban sus nombres expresivos, sus modos de vivir. Probablemente, si hubiese elegido esa vocación habría tenido otras alegrías, es indudable que le habrías sido ahorrados los fastidios que le ha proporcionado la filosofía. De salud frágil, ¡desde joven fue un deportista! Esgrima, equitación, pedestrismo; también practicó la caza como lo saben las tres liebres cobradas en una mañana.

    Perenne juventud, vivacidad y optimismo los conservó hasta su muerte: a los 85 años, en los paseos de algunos kilómetros por la campiña de Aix, con lo poco que le daban sus ojos y lo mucho que en ello ponía su corazón, se maravillaba de la belleza de esa naturaleza, como si la viese por vez primera.

    Se enorgullecía de ser francés de antigua y de pura sangre, de aquella sana burguesía provinciana aferrada al deber y a las tradiciones, católica casi por derecho de nacimiento; en efecto, nacido en provincias, vivió siempre allí, indiferente a la “Ville lumière”. A Luis Lavelle que, con alusión evidente a su estilo a veces oratorio y sobreabundante, le recordaba ser Dijon “patria de oradores”, a Blondel no le disgustaba haber nacido en la ciudad de Bossuet y de Lacordaire.

    La anécdota simboliza también la auténtica vocación de Blondel: la indagación filosófica al servicio de la religión cristiana, el firme convencimiento que la filosofía, en cuanto es indagación crítica exigente y radical, no puede no “abrirse” a la fe, no ser apologética.

    Esta idea – programa, que Blondel profundizó durante toda su larga vida de pensador, la tenía presente en la preparación de las dos tesis de doctorado también bajo el impulso de los escritos y de la palabra de su maestro León Ollé-Laprune, que desde 1881 a 1884 había oído en la Escuela Normal Superior. La tesis instituida La Acción: ensayo de una crítica de la vida y de una ciencia de la práctica fue aprobada en la Sorbona en 1893, no obstante las oposiciones harto significativas de algunos jueces que fieles a un racionalismo de moda, no reconocieron en ella un método de filosofar conforme a los cánones académicos.

    Blondel profesor de cuatro liceos de provincia, tras su breve estadía en Lille, fijó, desde 1896 hasta su muerte, su residencia en Aix, en cuya Universidad enseñó desde diciembre de 1897 a junio de 1927, cuando una enfermedad ocular lo obligó a dejar, antes de tiempo, su cátedra.

    La publicación de La Acción originó una tempestad de polémicas y críticas: “desde la izquierda”, el pensamiento laico oficial racionalista y positivista que negaba derecho de ciudadanía filosófica a la religión y hasta el problema de sus relaciones con la filosofía; retumbó, “desde la derecha”, el pensamiento no menos oficial de la ortodoxia tomista, que temía ver comprometida en la tesis la neta distinción entre el orden natural de la razón y el sobrenatural de la Gracia; Blondel, “en el centro”, se defendió por su parte, pero con poca esperanza de hacerse comprender en el justo sentido por unos y otros. A la Acción, punto de partida y de inspiración, le siguió una serie de escritos diversidad de temas y al mismo tiempo, unidad fundamental entre los cuales la famosa Carta sobre las exigencias del pensamiento contemporáneo en materia de apologética y sobre el método de la filosofía en el estudio del pensamiento religioso, de 1896 y la otra de 1904, no menos significativa sobre Historia y dogma. Pero ya por entonces se enfurecía la polémica modernista; Blondel, fiel a las enseñanzas de la Iglesia Romana no se dejó trastornar, resistió a cuantos modernistas y restauradores buscaron llevarlo a su lado; se encerró en el silencio por casi treinta años, fecundísimos de meditaciones, siendo única excepción el escrito polémico la semana social de Burdeos, de 1910, publicado en los “Anales de filosofía cristiana”, una de la voces más significativas del pensamiento social católico.

    Obras: durante esos treinta años maduró aquella serie de obras voluminosas, cuya publicación comenzó en 1932 con El problema de la filosofía católica, que se relaciona con Historia y Dogma, de 1904; siguieron los cinco tomos de la “Trilogía”: El pensamiento (1934), El ser y los seres (1935) y La Acción (1936), cuyo primer tomo es nuevo y el segundo reproduce parcialmente la tesis de 1893, aparte de los escritos póstumos e inéditos, los dos gruesos volúmenes de los tres proyectados sobre la filosofía y el espíritu cristiano, publicados entre 1944 y 1946, concluyen el itinerario intelectual de Maurice Blondel, ese “realismo integral” que ha tenido un solo motivo inspirador, en el fondo, más de carácter religioso que filosófico.

    La Acción, de 1893, no todavía ensombrecida por excesivos escrúpulos y preocupaciones, no recargaba por las repeticiones y las tiradas oratorias de las que sufren los escritos posteriores, también a causa de la enfermedad a la vista y luego al oído le obligó al viejo y tenaz filósofo dictar y hacerse leer por la fidelísima secretaria, la señorita Panis, que desde la muerte del maestro es la custodia diligentísima del “Archivo” de Aix y de su memoria. En el Congreso de filosofía “Descartes”, tenido en Pavía en 1937, en el momento de tomar la palabra frente al auditorio fijo y atento, el venerando pensador rindió su público tributo a la señorita Panis que lo acompañaba diciendo: “A ella le debo el que no sea aquí ni mudo ni iletrado”.

    A partir de 1938 y los de 1940 y 1947 señalan la curva ascendente de su “espiritualismo cristiano”. Además, dentro de sus obras existen muchas cartas publicadas en esta obra misma (Diálogo con Maurice Blondel)

    La filosofía de Maurice Blondel[2] puede considerarse, como las del espíritu Agustiniano – platónico, un “itinerario de la mente hacia Dios” según las exigencias fundamentales del hombre, pero es un itinerario nuevo, que ha contribuido, sobre todo a principios de nuestro siglo, a rejuvenecer la cultura católica en Francia en los ambientes eclesiásticos y también laicos, a renovar los esquemas escolásticos, a hacer repensar el tomismo, a promover estudios e investigaciones sobre la filosofía del Cristianismo y de historia de la filosofía que van desde los de los hermanos Auguste y Roberto Valensin a los otros teoréticos de Jacques Paliard, J. Chaix – Ruy, M Nédoncelle, H. Duméry, etc.; Se puede decir, que ha dejado interés en Italia y en Alemania. Filosofía personal y al mismo tiempo tradicional, renovadora de la problemática del pensamiento católico en contacto con las exigencias más vivas del pensamiento moderno contemporáneo, instigadora, durante más o menos un decenio, de discusiones y polémicas, ha tenido admiradores entusiastas y críticos radicales. Desde 1945 para acá, ha sido cribada serenamente en su perspectiva histórica, filtrada a través de un examen crítico, que ha puesto en evidencia los límites de un exigencialismo insuficiente, para fundar una metafísica, y de una especulación que en el fondo, no tiene problemas que resolver porque todos están resueltos implícitamente en la oposición de partida. Pero dejando de lado estos y otros relieves, el “realismo integral” sigue siendo uno de los testimonios más vivos, más ricos de sugestiones y despuntes geniales de nuestro tiempo: encuadra sobre motivos intrínsecos el problema de las relaciones entre filosofía y religión y reivindica al pensamiento concreto frente al pensamiento abstracto y nocional en nombre de un humanismo que tiene derecho de llamarse integral sólo si encuentra su cumplimiento en la revolución cristiana.

    Como propuesta Maurice Blondel nos enseña a “vivir” la filosofía de un modo particular y dentro de un determinado “clima” espiritual, como búsqueda y descubrimiento del sentido último de la existencia humana y de lo creado; posesión que participa de la vida espiritual en su integralidad y en su dinamismo interior, que, no obstante ser autónomo, implica la apertura a la religión cristiana; como logro del equilibrio altísimo y difícil, del orden de la inteligencia y de la caridad.

    Por tanto, personalmente el pensamiento cristiano no se puede quedar en Blondel, sino empezar a construir el sentido de la vida.

    Y por último como altamente educativo, el mensaje Blondeliano está simbólicamente expresado en el ex libris: dos espigas de grano que tienen encima un racimo de uvas coronado de pámpanos extendidos en las ramas de un árbol frutecido, sobre el cual trabaja una abeja; debajo de todo se leen las siguientes palabras: Per ea quae videntur et absunt ad ea quae non videntur et sunt. Frase de puro contenido platónico – agustiniano que está indicando el itinerario del hombre del mundo a Dios, de las cosas que aparecen y están ausentes a aquéllos, los valores eternos, que no aparecen y realmente son[3].

    SEGUNDA PARTE:

    ANÁLISIS DE LA OBRA DIÁLOGO CON MAURICIO BLONDEL, POR MICHELE FEDERICO SCIACCA)

    A modo de introducción a la obra: Diálogo con Mauricio Blondel, por Michele Federico Sciacca, recupera para la historia del pensar, para el hombre del siglo XX, las mejores tradiciones espirituales de occidente.

    Maurice Blondel, en primer lugar, fue la punta de una ola que habría de crecer sobre dos horizontes: el horizonte del pensamiento “religado” que cavando en el ser del hombre lo abre al misterio de la trascendencia y el horizonte de a praxis, la acción, con palabras Blondelianas.

    Con Blondel, por eso nace un nueva forma de filosofar: no se trata ya de pensar al hombre como ser “separado” como ser desligado de si fundamento; separación que luego curarían sucesivas y crecientes “alienaciones” en cuyas metas habita la muerte y la soledad. No; el pensamiento, la acción humana, implican siempre ya, una disposición, un ponerse y ser en a apertura ontológica que se hace del hombre un más que sí mismo, el mágnum mysterium señalado por San Agustín.

    También señalar en cuanto a Michele Federico Sciacca, trata de orientar a esa misma luz, que mira hoy y siempre, la misma meta y el mismo destino comprendiendo el sentido de la existencia.

    Además, esta obra según Sciacca, es asistir a un diálogo vivo y existencial, a un logos que va y viene de pensar Blondeliano y pensar de Sciacca. Y desde luego, es asistir a una dialéctica que resume toda la historia del ser que se revela en la tradición más alta de la filosofía y es cierto, abrirse a la comprensión de lo que hoy pasa en la tradición; que pasa hoy porque se trata de cosas que nunca pasan, verdaderamente: que en realidad se quedan con el hombre y habitan con él a lo largo de toda la historia.

    En este sentido podemos empezar a presentar esta obra. Ciertamente aclarar que me limitaré a un análisis valorativa y además para ser fiel a la obra citaremos en pie de página para su mayor veracidad.

    Maurice Blondel, para difundir sus ideas publica sus teorías en los “anales de la filosofía”. Su discurso de basa en el modo en que analiza el Cristianismo y la relación existente entre la religión y la filosofía. Todo su pensamiento se resume en “La Acción”.

    Blondel sostiene que la voluntad es el verdadero principio que mueve al hombre y no la razón. Y tratando sobre el problema de apologético concluye: “que ni ella (religión), ni la ciencia ni todo saber humano y el universo le bastan al hombre”[4]. También dirá: “es natural y siempre actual nuestro deseo de lo sobrenatural, pero es en sí ineficaz e insuficiente en cada momento de su actualidad”[5].

    En consecuencia esa voluntad se traduce en Acción.

    Es interesante cuando dice: “el cristianismo tiene dos aspectos, caritativo y especulativo, entrambos esenciales”[6].

    Es decir, el cristianismo es caridad, pero también verdad: la eficacia de la acción amorosa es socorrida y alimentada por la fuerza de la convicción racional, intelectum valde ama…[7]

    En este sentido la obra nos brinda un razonamiento filosófico, un alimento espiritual e intelectual, capaz de sostener nuestra vida cristiana, porque el es aspecto intelectual forma parte de los preámbulos racionales de la fe; pero esto no debe llevarnos a desconocer los límites de todo pensamiento y toda escuela.

    Hablando de la apologética dice: “hoy es necesario un método nuevo, porque no se puede hacer apologética en abstracto, sin tener en cuenta el ambiente cultural y psicológico en el cual se debe actuar”[8].

    Siguiendo un poco más sobre la apologética Blondel, está de acuerdo, como demuestra el cristianismo la vida interior, experiencia vivida y viviente, fermento de perfeccionamiento; por eso también la vida de santo vale más que tantos silogismos hilados y alineados en abstracto, pero es necesario de que el terreno teorético pase a ser práctico- social con el riesgo de limitar la apología del cristianismo católico[9].

    De esta manera pasamos a la problemática Blondeliana, tal vez es el punto central de su pensamiento. ¿La filosofía de La Acción es una filosofía? Aun hoy, esta pregunta no tiene respuesta de ¿sí o no?, porque el pensamiento filosófico Blondeliano no ha sido adecuadamente discutido y profundizado como contribución a la investigación especulativa[10].

    Es cierto que Juan Pablo II había dicho en un mensaje a Maurice Blondel como: pensador valiente y fiel a la Iglesia. Pero esto no bastó.

    Ahora respondiendo a la pregunta la filosofía de La Acción, ciertamente todavía incompleta y diremos bosquejada, es una filosofía[11].

    Si por filosofía se entiende una ciencia puramente racional y de abstractas y exangües referencias lógicas, la de Blondel no es filosofía, aunque no le falte estructura teorética; ¿pero es filosofía solamente un aparato exterior de formulas bien reunidas? Por lo demás, el desarrollo del pensamiento Blondeliano ha puesto en claro el carácter propiamente filosófico del “realismo integral”: “filosofía religiosa”, pero filosofía, a menos que quiera negar la posibilidad de una filosofía religiosa contra la esencia misma del filosofar, si es verdad como dice Blondel, que en La Acción es inmanente y siempre actual la presencia de la trascendencia, que explica el dinamismo de la acción misma[12].

    Por otra parte, la filosofía de La Acción no es una moral ni una descripción de las costumbres, sino indagación del dinamismo interno de la voluntad ciertamente con un significado rico y complejo al mismo tiempo[13].

    Considerando a Blondel como un trozo de El Pensamiento se puede decir: “no se puede tener conciencia de sí, si no tiene conciencia de un trascendente”[14]. Esta afirmación frente al realismo integral e idealismo positivista. Desde luego, el esfuerzo de Blondel ha sido precisamente profundizar el dinamismo integral del espíritu solicitado, aguijoneado, desde adentro, a trascenderse no hacia alguna cosa cualquiera, sino hacia la plenitud del Ser espiritual, que le es íntimo y lo domina un más allá que no es algo exterior, sino vida de nuestra vida interior.

    Es así, que según Blondel, la filosofía más desarrollada y crítica no se encierra jamás en sí misma, como un círculo perfecto y redondo, porque su proceso no está nunca absolutamente concluido y además el dinamismo interior del espíritu empuja siempre a sobre pasar toda satisfacción, que no puede no ser parcial.

    Además la filosofía de Blondel quiere realizar la unidad en la multiplicidad, la homogeneidad en la heterogeneidad[15].

    En cuanto conocer y obrar, Blondel explicita: “obrar es otra cosa aun que pensar; la idea de la acción no es no es la acción, la cual reforma, transforma y construye y su metafísica no es deductiva” “Según uno ha vivido, obrado, querido, amado, uno es otro, uno conoce de otra manera, se posee de otro modo, uno tiene de las cosas un tacto, una penetración, un gozo diferente”. Blondel afirma que el hombre se conoce verdaderamente en la acción porque allí se descubre; sin que la acción llegue a abolir el pensamiento, en cuanto lo influye en una prospectiva superior y lo potencia. También el conocimiento para Blondel, tiene un dinamismo esencial en virtud del cual pensar es ya obrar; no se trata de negar el valor del conocer, sino de descubrir al espíritu como vida viviente, asirlo en todo su dinamismo, en su fecundidad real como iniciativa y eficacia.

    En suma, el conocimiento está al servicio de la acción, pero no en forma pragmática, porque por medio de la acción el espíritu busca su finalidad suprema, su deber ser fundamental, imperativo anterior al conocer, su estímulo y guía[16].

    El fin absoluto que la constituye es Dios: sin él, la persona y los fines que realiza la familia, la sociedad, la patria, la humanidad, caen de la altura que solamente hace de ellos valores espirituales y humanos[17].

    Filosofar es seguir el dinamismo integral de La Acción; favorecer la actitud innata de buscar a Dios, descubrir nuestro esencial deseo de él, encarnarlo libremente en nuestra vida, reconocerlo y obedecerlo.

    Concluyendo el análisis de la obra: Blondel, se coloca en la gran tradición metafísica cristiana que explica al finito por medio del infinito; en la estructura del pensamiento y de la acción hay fuerzas inmanentes, energías que se actualizan con la presencia en nosotros del Absoluto: “La Acción es un llamado y un eco del infinito; de allí viene y allí va”[18].

    El dinamismo produce del infinito y va al infinito, antes también de la reflexión transforme al presentimiento o al sentimiento oscuro en idea de Dios; la conciencia, conociéndose y realizándose, busca el más allá interior, a Dios que está presente y la trasciende.

    La filosofía es búsqueda de un más allá no remoto y abstracto, sino interior a la búsqueda viviente, vida de la vida espiritual, principio y fin del movimiento integral del espíritu; por lo tanto conexión del orden de la inteligencia y de la caridad.

    Para Blondel, el ser implica el pensamiento y la acción, la acción, el ser y el pensamiento: realismo integral, precisamente; es el pleno riquísimo concepto de “espíritu” que es necesario tener presente si se quiere entender a la filosofía. Insistiendo: no hay pensamiento, para el filósofo de Aix, que como viviente, no sea también acción y no hay acción que no sea pensamiento[19].

    La filosofía de Blondel, apunta precisamente a la indagación filosófica como la aptitud para acoger humildemente a la Revelación, al Verbo encarnado, crucificado y resucitado, a fin de que el hombre se recupere y se actualice integralmente como persona[20].

    Se discutía y se discute todavía sobre La Acción y los escritos que la siguieron, pero las controversias desde 1983 han sido y siguen siendo más de carácter religioso – apologético que filosófico. Si esto es así, su pensamiento se puede insertar en la tradición y puede incluso armonizarse con el de Santo Tomás de Aquino.

    Sin duda a todas las objeciones que se puede hacer es afirmar que la de Maurice Blondel no es una filosofía sino una apologética[21].

    En este sentido, personalmente quiero rescatar su pensamiento con algunas preguntas ¿Si o No? ¿Tiene la vida humana un sentido? ¿Tiene el hombre un destino? Éste es el interrogante que ningún hombre puede evitar. Al igual que Blondel, la acción es la posibilidad de manifestar el amor y de este modo se abre el alma a Dios. Es decir, el amor abarca todas sus dimensiones ya sea individual, social, moral y sobre todo religiosa porque muestra la conexión íntima de esos diferentes aspectos. De aquí se sigue que nuestro obrar, todo hombre revela el poder de su ser y de su vida interior como vínculo profundo con su Creador. Así como el filósofo de Aix nos explica, que el alma religiosa encuentra su perfección en la práctica literal y sencilla de la religión revelada. Más allá de las maravillas dialécticas y las emociones fascinantes de la conciencia, se sitúa la acción por la que Dios penetra en nosotros. ¿Acaso no es así la eucaristía, que te abre a lo infinito y da al fiel lo infinito finito?

    En una época en la que el racionalismo y la crisis modernista desnaturalizaban la revelación y amenazaban la fe de la Iglesia, Maurice Blondel recordaba, en una visión positiva, que la acción permite vislumbrar el obrar divino, comprometido con nuestra carne, así como el vínculo entre el misterio de la gracia divina y la conciencia o la acción del hombre. Pero, al final de su exposición filosófica, Blondel nos lleva al umbral del misterio, pues no existe una medida común entre lo que proviene del hombre, esta acción a la que atribuye un poder tan grande, y lo que proviene de Dios.

    Esta obra no dejará de suscitar el asombro de filósofos y teólogos. Los primeros, porque Blondel parece demostrar demasiado; los últimos, porque demostrando, Blondel no parece observar suficientemente la distinción del orden natural y el orden sobrenatural. Pero a medida que los estudios sobre Blondel han ido progresando, ha aparecido con mayor claridad el rigor de toda la obra. La Acción nos permite captar, desde el punto de vista del creyente que utiliza el instrumento filosófico, que existe una armonía maravillosa entre la naturaleza y la gracia, entre la razón y la fe. Como en Pascal, el hombre a medio camino entre la nada y el todo, es conducido pacientemente a reconocer el precio divino de la vida.

    En un mundo en que el relativismo y el cientificismo aumenta, la tesis de Blondel es preciosa por su búsqueda de unificación del ser y por su preocupación por la paz intelectual: es el razonamiento de un creyente dirigido a los no creyentes, el razonamiento de un filósofo sobre lo que supera la filosofía; estimulando la búsqueda del vínculum, esta victoria de la conciencia por la que se alcanza la unidad del obrar humano, se revela la consistencia de todo lo que existe y se expresa la connaturalidad que establece un puente entre el misterio de Dios y la acción humana.

    Así, al finalizar este trabajo, quiero rescatar su pensamiento y vida, que supo aunar la crítica más rigurosa y la investigación filosófica más intrépida con el catolicismo más auténtico, sacando su inspiración de las fuentes de la tradición dogmática, patrística y mística. Esta doble fidelidad a ciertas exigencias del pensamiento filosófico moderno y al magisterio de la Iglesia no estuvo exenta de incomprensiones y sufrimientos, en un tiempo en que la Iglesia debía afrontar la crisis modernista, cuyos riesgos y errores Blondel había sido uno de los primeros en discernir. Alentado muchas veces por los Papas como León XIII, Pío X, Pío XI y Pío XII, Blondel prosiguió su obra aclarando incansable y obstinadamente su pensamiento, sin renegar de su inspiración.

    Los filósofos y los teólogos actuales que estudiamos la obra de Blondel debemos aprender de este gran maestro precisamente su valentía de pensador, unida a una fidelidad y a un amor indefectible a la Iglesia. La Iglesia, hoy como siempre, tiene necesidad de filósofos que no teman abordar las cuestiones decisivas de la vida humana, de la vida moral, de la vida política y de la vida espiritual, para preparar la adhesión y el testimonio de la fe, principio de acción, para dar razón de la esperanza y abrirse el ejercicio de la caridad. La Iglesia, además, tiene necesidad de teólogos que apoyándose en un sólido razonamiento filosófico, sean capaces de expresar el dato revelado, a fin de iluminar tanto a los fieles como a los no creyentes.

    Esperando el ejemplo de Maurice Blondel, creyente y filósofo, que de la intimidad con el Maestro (Jesús) tomó su deseo de la verdad, inspire a los filósofos cristianos de nuestros días, y pido a Jesús, sabiduría divina y reflejo de la gloria del Padre, que nunca nos deje de enviarnos su Espíritu para iluminar la inteligencia de cada uno de nosotros. De todo corazón estás invitado a La Acción.

    Enviado por:

    Juan Javier Carlo Q.
    Tomado de Monografías.com


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: