Era de noche

Esta mañana, muy temprano, me he despertado con muchas ganas de ir de nuevo a la Ciudad Vieja. Tenía una hora de clase, concretamente sobre los discursos del Adiós en el Evangelio de Juan. El texto que estudiábamos termina diciendo “… era de noche” (Jn 13,30). Después de formalizar mi matrícula en el Studium Biblicum Fransicanum me decido a pasar de nuevo por el Santo Sepulcro. Callejeo por dentro de una ciudad que se va despertando poco a poco. Los que tengáis la dicha de haber estado por aquí sabéis la gran cantidad de tiendas con souvenirs que existen por todas las callejuelas. Pero era todavía temprano, y muchas estaban abriendo, la mayoría cerradas. Así que nada me impide volver a entrar en el Sepulcro. A esta hora hay poca gente, y puedo entrar sin hacer cola en la “Anástasis”.

Dentro, sólo una mujer, no sé bien de qué confesión, creo que copta, rezaba intensamente, alumbrada por la luz de seis velas encendidas. Me mira agradecida, me invita a rezar con su mirada, y con un leve gesto. Dentro de la Anástasis, pienso, nunca es de noche. La Luz de la Resurrección mantiene encendida la fe de millones de personas. Rezo intensamente, tanto como puedo. Pero la tranquilidad se empieza a esfumar. Dos orantes más ingresan el pequeño recinto. Nos recolocamos como podemos, pero no decae la intensidad de nuestra oración. Intentan encender unas velas más. Dejo que pasen por detrás de mí, pero el espacio es reducido. Entonces me doy cuenta de que mi privilegio es grande, que puedo hacer esto casi cada mañana… y me despido de aquel lugar con los ojos de la cara cerrados, pero con los de la fe bien abiertos.
La luz débil, amarillenta, renqueante de aquellas nueve velas me ha dado que pensar. Para Judas, en el momento cumbre, era de noche. Para nosotros, para mí, la luz de la Resurrección brilla para siempre. Aquel a quien todos reconocemos como el traidor vive el momento culminante en oscuridad. Nosotros podemos (es más, debemos) cerrar los ojos y vivir desde la luz de la fe.

La exégesis actual, si no me equivoco, tiende a leer los textos bíblicos tal y como nos han llegado, aun siendo consciente de su desarrollo y formación. También es de dominio general que los textos evangélicos están escritos a la luz de la Resurrección. Cuando se está en Jerusalén, cuando se entra en la Anástasis, esa Luz de la Resurrección se hace casi palpable. Leer desde esta luz los textos evangélicos se convierte en una tarea apasionante.

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4 comentarios en “Era de noche”

  1. Juan Jesús Says:

    Emilio, qué maravilla todo lo que estás viviendo y que lo compartas con nosotros en el blog. Esta experiencia que cuentas del Anástasis me ha hecho recordar la importancia de esa luz interior que provoca la fe. La fe “ilumina” decía S. Agustín, provoca conocimiento, connaturalidad con lo amado… Es quizá, la dimensión fundamental del acto de fe porque hace que el asentimiento no sea un riesgo inhumano, sino un dejarse guiar por el amor de la persona a la que creo. Recuerdo una película de K. Kieslowski: “Breve film sobre el amor”, en el que escenifica el acto de fe, con la misma idea que tú nos has dicho hoy: “cerrar los ojos para ver”. Y eso, la confianza necesaria para cerrar los ojos, es el amor que une al creyente con el amado y le despierta un conocimiento nuevo de aquello que sea ama.
    Me ha encantado que lo hayas relacionado con la exégesis, en un lugar como la Anástasis, porque hace poco tuvimos un post sobre “la forma interpretativa final”, la finalidad de la exégesis cristiana, y yo creo que coincide con lo que nos has dicho. “Los ojos de la fe” suponen un modo de conocer y de interpretar los textos bíblicos “con el mismo Espíritu con que fue escrita” (Dei Verbum, 12§2).
    Gracias por la reflexión y la foto.

  2. Juan Jesús Says:

    Emilio, qué maravilla todo lo que estás viviendo y que lo compartas con nosotros en el blog. Esta experiencia que cuentas del Anástasis me ha hecho recordar la importancia de esa luz interior que provoca la fe. La fe “ilumina” decía S. Agustín, provoca conocimiento, connaturalidad con lo amado… Es quizá, la dimensión fundamental del acto de fe porque hace que el asentimiento no sea un riesgo inhumano, sino un dejarse guiar por el amor de la persona a la que creo. Recuerdo una película de K. Kieslowski: “Breve film sobre el amor”, en el que escenifica el acto de fe, con la misma idea que tú nos has dicho hoy: “cerrar los ojos para ver”. Y eso, la confianza necesaria para cerrar los ojos, es el amor que une al creyente con el amado y le despierta un conocimiento nuevo de aquello que sea ama.
    Me ha encantado que lo hayas relacionado con la exégesis, en un lugar como la Anástasis, porque hace poco tuvimos un post sobre “la forma interpretativa final”, la finalidad de la exégesis cristiana, y yo creo que coincide con lo que nos has dicho. “Los ojos de la fe” suponen un modo de conocer y de interpretar los textos bíblicos “con el mismo Espíritu con que fue escrita” (Dei Verbum, 12§2).
    Gracias por la reflexión y la foto.

  3. Joaquín Mestre Says:

    Entro en este post a hurtadillas, para elevar una humilde protesta: ¿Es absolutamente preciso fotografiarlo todo?¿No es el acto fotográfico, a veces, una expresión del afán de tener, de dominar?¿Es legítimo plasmar en fotografía los momentos más íntimos de la vida de una persona, como el nacimiento o la muerte?
    He estado en muchas ocasiones en el interior del Santo Sepulcro y, aun sabiendo que los cristianos no somos topólatras, nunca he querido fotografiarlo. No sabría explicar claramente el motivo, pero creo que el misterio de aquel lugar puede ayudarnos a meditar el Misterio del Acontecimiento.
    Siguiendo el hilo de Juan Jesús, “quitemos esta foto para ver”.
    Estupendo post, Emilio.

  4. Joaquín Mestre Says:

    Entro en este post a hurtadillas, para elevar una humilde protesta: ¿Es absolutamente preciso fotografiarlo todo?¿No es el acto fotográfico, a veces, una expresión del afán de tener, de dominar?¿Es legítimo plasmar en fotografía los momentos más íntimos de la vida de una persona, como el nacimiento o la muerte?
    He estado en muchas ocasiones en el interior del Santo Sepulcro y, aun sabiendo que los cristianos no somos topólatras, nunca he querido fotografiarlo. No sabría explicar claramente el motivo, pero creo que el misterio de aquel lugar puede ayudarnos a meditar el Misterio del Acontecimiento.
    Siguiendo el hilo de Juan Jesús, “quitemos esta foto para ver”.
    Estupendo post, Emilio.


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