Tumba de Jesús: fraude "titánico"

Ya me he referido, tangencialmente, a este suceso en otro post. Pero sé que está y seguirá estando en boca de muchos el “maravilloso” descubrimiento de la conocida como “verdadera tumba de Jesús”. Por esta razón, publico este artículo de Laura L. Caro, corresponsal de ABC.es en Jerusalén. No he podido ir al sitio, no creo que sea necesario. Al leer el artículo se comprenderá por qué.

El fraude titánico de James Cameron
«Si buscan lo del documental, buena suerte. Porque no sabemos dónde está ni hemos tenido la menor curiosidad». Sola y a pleno sol como la mayoría de los 30.000 yacimientos mortuorios documentados en Israel, ignorada en la trasera de un edificio de viviendas de clase media del barrio de Talpiot Este, la presunta puerta de entrada a la que ha sido bautizada por el cineasta James Cameron como «la historia arqueológica más importante del siglo», permanecía ayer sellada bajo una ramplona capa de cemento de un palmo de grosor, pero expuesta sin vigilancia alguna a las intenciones de cualquiera. No a la de los habitantes de esta calle llamada Dov Gruner -una urbanización de los años 80 a cinco kilómetros de la Ciudad Vieja de Jerusalén-, entre quienes la posibilidad remota de haber tenido enterrados los restos de Jesucristo justo delante de sus narices sólo ha producido indiferencia y un punto de fastidio. «No tengo mucha idea de dónde está, se lo aseguro, he visto esta semana algunos extranjeros merodeando por aquí y, la verdad, no necesitamos un escándalo como éste, que rompa la tranquilidad del barrio», repite Eliai encogiéndose de hombros, sin haberse preocupado siquiera de saber que la cueva se localiza a menos de cien metros escaleras arriba de donde repara su coche.

Continúa…


La expectativa del dinero
La otra reacción entre los vecinos del lugar cuyo nombre dará hoy mismo la vuelta al mundo, por obra y gracia de la cadena norteamericana Discovery Channel, ha sido, si acaso, la dulce expectativa del dinero. «Jesús era judío ¿no?… Si al final se creen que sus restos permanecieron aquí mismo durante casi 2000 años, cristianos de todo el planeta querrán venir, incluso a quedarse, y nuestras casas subirán de precio… -explica Moshe Grachav con sonrisa de deseo- Yo lo veo posible, muy posible…». Y no va del todo desencaminado, porque es ese olor a dinero, la sospecha descarnada de que se trata de «una fábula inventada», un cuento para consumo de masas heredero de la mejor tradición de Indiana Jones y del multimillonario éxito del Código Da Vinci, una «manufactura» diseñada para hacer caja -pero a mayor gloria de la cuenta corriente del director Simcha Jacobovici, del Cameron autor de «Titanic» y de su industria de hacer cine- en lo que han coincidido los más reputados expertos. En que es un fraude «titánico». Desde el arqueólogo israelí Amos Kloner -uno de los primeros que estudió la cueva, descubierta en 1980- que se ha referido a la narración de la tumba de Talpiot como «una hermosa historia, pero sin sentido»; hasta el padre Artemio Vítores, Vicario de la Custodia Franciscana de los Santos Lugares y uno de los mayores conocedores de las tradiciones teológicas y científicas que avalan los sitios venerados en Jerusalén, para quien «todo esto se resume en una sola palabra: bussiness». O sea, negocios.
Cada uno desde su cátedra, han insistido por separado en tres elementos comunes que dejarían la trama que se estrena hoy convertida en una burda amalgama de datos -por otro lado, conocidos hace décadas-, que sólo con grandes dosis de drama, aparente erudición y pretendido refuerzo científico ha servido para tejer la ficción de que los huesos de Yeshua bar Yosef («Jesús, hijo de José»), María, Matia (Mateo), Yose (José, un hermano de Jesús), Yehuda bar Yeshua («Judas, hijo de Jesús») y Mariamene e Mara («María la del maestro», o María Magdalena, según la lectura de François Bovon, profesor de la Universidad de Harvard), reposaron en Talpiot.
Primero, la evidencia de que los nombres supuestamente identificados en las urnas -y el de «Jesús», sostiene Kloner, «está muy lejos de ser descifrado de forma concluyente»- eran tan corrientes en la época como lo demuestra que el 25 por ciento de las mujeres se llamaban María y al menos el 10 por ciento José. El arqueólogo tiene documentados hasta cuatro osarios con la inscripción «Jesús, hijo de José», y el vicecustodio recuerda sin esfuerzo la confluencia de inscripciones similares en el hallazgo del «Dominus Flevit» de 1953 y de la denominada «tumba de los pendientes», del siglo XIII antes de Cristo.
También la «imposibilidad» de que una familia de Galilea, como era la de Jesucristo, terminara siendo enterrada en un lugar como Jerusalén, donde no tenían lazos, resta cualquier consistencia al relato, por no hablar de la «absoluta falta de evidencias científicas»: el hallazgo estrella explicado el pasado lunes en la rueda de prensa ofrecida por Cameron y Jacobovici en Nueva York remitía a la ausencia de vínculos de sangre entre «Jesús» y «Magdalena», de la que han deducido que eran una pareja. «No hay nada, ni testimonios históricos», reprocha el padre Artemio. «Denme una prueba científica y lidiaré con ella… es imposible», ha clamado Kloner.

El precio de las reliquias
El «préstamo rutinario» por parte de la Autoridad de Antigüedades de Israel de urnas tan presumiblemente importantes para ser trasladadas y exhibidas en Estados Unidos, más la inclusión de un décimo osario -el supuesto de «Juan el Bautista», catalogado oficialmente como una «falsificación» hace años- en los estudios estadísticos que aseguran que la tumba de Talpiot encierra los restos de la Sagrada Familia con una probabilidad de 599 veces sobre 600, redondean la impresión del montaje. «A ver a qué precio salen ahora las reliquias -ironiza el padre franciscano-; todo esto es un insulto a la inteligencia, antes que a la fe… ¿Qué si la Iglesia lo cuestiona? No cuestiona nada, porque es tan burdo que no supone ningún peligro».

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