Los conventos de clausura navegan por la Red

«No sabemos qué sistema operativo usa Dios, pero nosotros usamos Linux», comentaba en una entrevista la hermana Judith Zoebelein, usuaria de Macintosh y responsable del departamento de Internet del Vaticano, que recibe de 11 a 15 millones de visitas al día. Con la Iglesia hemos topado… en la Red. Ya lo dijo Juan Pablo II un 24 de enero, fiesta de San Franscisco de Sales, patrón de los periodistas: «Los monasterios deben estar conectados con el mundo real y, por ello, con el de las nuevas tecnologías». Tras lo cual el Pontífice pasó a nombrar al sacerdote Santiago Alberione -fundador de la familia paulina, él siempre empleó los medios de comunicación en su labor evangelizadora- protector de los internautas, según cuenta Itsaso Alvarez en El Correo. También en los conventos de clausura, el Vaticano permite el uso «ilimitado, pero con moderación y discreción» de la Red de redes. La Santa Sede ha dejado dicho que ni el voto de silencio que hace enmudecer a las congregaciones más estrictas debe ser incompatible con la comunicación a través del ordenador. De ahí que lo último en algunas comunidades de vida contemplativa sea conceder plegarias ‘a la carta’ con los ruegos que reciben vía ‘e-mail’. Es el caso de las trece monjas de clausura del monasterio trinitario de Burgos (www.trinitarias.es). Llevan siete siglos asentadas en la capital, pero «no nos conocían», explica María José Ibáñez, vicaria de la casa. Emplearon a dos hermanas en la gestión y actualización de un sitio web y ahora incluyen en sus oraciones las ‘ciberpeticiones’. «Cada día llegan de cinco a diez». Desde España, México, Chile, EE UU, Filipinas… «Se refieren a problemas familiares, de salud, drogas, sectas».
«Esperamos demostrar que también Internet puede ser utilizado para hacer el bien», justifican en el monasterio de Santa María de Vallbona (www.vallbona.com), el cenobio cisterciense femenino más importante de Cataluña, donde también las hermanas sacian por ‘mail’ el apetito de predicar. Ello, pese a no tener el don de la repostería. Lo que la comunidad domina es el tratamiento de textos y partituras de música con ordenador. Las manos divinas para la repostería se las dejan a las clarisas del Jesús de Estepa, en Granada (www.santaclaraestepa.com). Sus ingresos han mejorado desde el día en que instalaron «el torno virtual»; la web que difunde en abierto lo apetecibles que se ven sus cuajadas de almendra y sus tocinillos de cielo recién sacados de la cocina. Ellas argumentan a su modo: «La distancia física no impide la proximidad a todo y a todos, porque la proximidad es cuestión de amor». Eso sí, las hermanas son reticentes a poner al alcalce de cualquiera el secreto de su buen hacer repostero.
La idea de la web llegó con el Plan Alfa, un portal de instituciones católicas que en 1985 se creó para ofrecer soluciones informáticas integradas a los centros educativos católicos. Con el tiempo, la demanda de información, productos y servicios relacionados con las nuevas tecnologías se incrementó, y dicha respuesta se extendió a las instituciones católicas -diócesis, congregaciones…-. Compraron e instalaron ordenadores y periféricos (impresora, escáner) en los conventos. Impartieron cursillos y crearon páginas web a medida. Hoy en día, el programa gestiona 600 sitios web en España y se centra «en la comunicación entre congregaciones en distintos países», avanza Diego Echeverri, del departamento técnico de Plan Alfa.
Ha habido otras iniciativas, como la denominada ‘Monasterios en red’ de la Fundación Riojana para la Sociedad del Conocimiento (Fundarco), una entidad sin ánimo de lucro que ha ido disponiendo ordenadores y acceso a Internet en las congregaciones religiosas de la comunidad autónoma. Ya sean reducidas, como la de los agustinos recoletos de San Millán de la Cogolla. «Aquí somos diez frailes. Pero si contamos a los que tenemos en Venezuela y Perú… Dependemos de una organización por encima de esta casa», ilustra Juan Ángel Nieto, el padre prior del Monasterio de Yuso (www.monasteriodeyuso.org). El hombre dice preferir la clásica enciclopedia de pasar páginas a mano, pero «qué bien viene ‘google’», exclama. «Es el buscador que yo uso en mi ‘Apple Mac’».
Para leer las noticias del Vaticano, para consultar sobre arte e historia… «Navegamos en Internet porque es otro modo de estar en comunión con nosotros mismos y con el mundo», dice. «Para preparar las homilías» le viene que ni pintada la Red a Fray Eduardo, de la comunidad de monjes cistercienses de la abadía cisterciense de Zenarruza (www.monasteriozenarruza.net), en Vizcaya. Para eso, «y para saber con seguridad el tiempo que va a hacer y determinar el mejor día para cortar la hierba», explica. Para no tener que «molestar» al monaguillo ni llamar al servicio telefónico del Instituto Nacional de Meteorología. En el monasterio son ocho frailes y cada uno tiene su ‘e-mail’.
Premios internacionales
Se informaron bien y mucho las carmelitas descalzas de Medina de Rioseco. Fueron buenos tiempos los que transcurrieron antes de su mudanza a Valladolid, cuando crearon una página web que acabó recibiendo doce premios internacionales a su diseño y contenido. Algo tuvo que ver la hermana Virtudes Parra, también carmelita, pero del convento alicantino de Altea (www.carmeloaltea.org). Antes de abrir un ‘blog’ al que bautizó con un extracto de una poesía de San Juan de la Cruz («Aquesta eterna fonte»), fue programadora de IBM y sabe bien el terreno que pisa. Lo que se oye al otro lado de la línea telefónica cuando uno quiere comunicar con ella de viva voz es el tintineo disonante de una campana. «Es que yo estaba en el piso de arriba, y la usamos para avisarnos unas hermanas a otras cuando suena el teléfono», disculpa.
Dice que desde la sala en la que está hablando puede ver el mar Mediterráneo. La brisa se cuela por las ventanas del Carmelo de Altea, en Alicante. Aires bien distintos llegan por las otras ventanas; las que se abren en la pantalla del portátil de Virtudes Parra. La informática interfiere en la rutina diaria de esta monja que comienzan el día a las cinco y cuarto de la mañana hasta tal punto que ha creado «dos miniempresas» de elaboración de páginas web. Con otras dos compañeras, se afana estos días en la creación de un portal para una inmobliaria de Valencia. De su inventiva han nacido http://www.sinfancia.net, un punto de encuentro para familias acogida de menores tutelados y http://www.eneagrama.com, para una entidad mexicana. Pero su intención es que todas las monjas sean capaces de gestionar una web, «para sacar más ganancias».
Todo se andará. La ‘sala de informática’ que esconden los gruesos paredones del convento de Altea tiene su aquel. Cuatro PC, tres portátiles, «todos en red» y con webcam. Cuando Virtudes Parra ingresó en el convento no existían siquiera los ordenadores personales. En el año 2000 creó un portal para las Carmelitas Descalzas de España, donde están ubicados todos los Carmelos de las cinco federaciones en España y convenció a su priora, que ya la deja hacer a su antojo. «Quién me iba a decir que iba a volver a tocar un teclado», dice Virtudes Parra. Los caminos de Dios, inescrutables.
Religión Digital (Sábado, 15 de septiembre 2007)


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