Archive for the ‘Inspiración’ category

Teología de la inspiración y Pedro Salinas

noviembre 27, 2006
Nueva sección de post dedicados a la “poesía teológica”. Comentarios por Alvaro Pereira
——————————————————————————————-
Teología de la inspiración e intimidad personal

1. Gal 2,20: “Y ya no soy yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó hasta entregarse por mí.”

2. La voz a ti debida (Versos 792 a 830)

Qué alegría, vivir sintiéndose vivido.
Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida —¡qué transporte ya!—, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.


Pedro, SALINAS, La voz a ti debida – Razón de amor. Pedro Salinas. Edición de J.González Muela. Clásicos Castalia nº 2. Editorial Castalia, 1989.

3. ¿Cómo entender la inspiración de la Sagrada Escritura? Esta pregunta sigue siendo una cuestión abierta. La literatura ha dado excelentes metáforas en esta búsqueda teológica. Alonso Schöckel (La Palabra inspirada) compara la inspiración con la relación entre un escritor y sus personajes, que van tomando vida propia a medida que son gestados. Proponemos hoy un nuevo modelo de comprensión a través de la pluma de Pedro Salinas, poeta español de la generación del 27: la intimidad personal.

Salinas nos comunica, entre susurros, la experiencia de un enamorado que en la distancia contempla la realidad con los ojos de su amada. Se goza de vivir sintiéndose vivido. La intimidad alcanza hitos abismales. Se cifra tanto en el ser y vivir (San Pablo: “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”; Pedro Salinas: “Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente, de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo.”) como en el conocer y el comunicar:

“Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas
por mi gran silencio;” (subrayado mío)

La intimidad es tal que la voz de uno dice las palabra del otro y los propios ojos ven lo que ve el otro. La vida se multiplica en la comunión (Benedetti tiene otra estrofita que alude a esta misma experiencia: “te quiero porque sos mi amor mi vida y mi todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos”). Sigue Pedro Salinas:

Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro.

¿Qué aporta la experiencia que expresa este poema a la teología de la inspiración? Aporta una nueva imagen: la del enamorado. El inspirado es un enamorado que asume la Palabra del Otro como su propia palabra. Su relación ha alcanzado una intimidad tan alta que ve con los ojos del Otro:

“Oráculo de Balaam, oráculo del varón cuyo ojo es perfecto
del que ve la visión de Saday, del que obtiene respuesta
y se le abren los ojos” (Num 24,4)

Esta experiencia del enamorado inspirado no tiene porque ser siempre dichosa. El enamorado surca diversos mares interiores. A veces está gozoso como el autor del Cantar; a veces se siente traicionado, como Oseas; y a veces incluso grita su desgarro de amor violentado, como Jeremías. Pero siempre, al expresar su hondón interior, ofrece una palabra en la que se comunica la intimidad del Otro.

Dicha experiencia de intimidad también puede ser colectiva. ¿Qué familia no se ha emocionado cuando el abuelo, patriarca de recuerdos, ha recibido un premio de reconocimiento social? El adolescente, siempre vivo, que sella en su diario nocturno las lágrimas contenidas que ha visto esa tarde en las mejillas de su abuelo, da palabra a una comunidad de íntimos y a su vez ofrece su palabra a un Otro elusivo que gestó, desde las bambalinas de la gracia, la promoción de aquel premio.

En fin, estas imágenes, todavía al nivel de la poesía, necesitan categorías teológicas: ¿alguién quiere expresarlas –a ellas que nacieron en otros y yo esposé hoy como mías– con sus propias palabras?