Archive for the ‘Pobres’ category

Carta abierta de un misionero leonés en Perú

agosto 19, 2007
Creo que a Jose Mª Rojo García, misionero leonés del IEME que ha desempeñado la mayor parte de sus años de apostolado entre los más pobres de Ica (Perú), no le importará que divulgue en nuestro blog su carta. En ella hace una reflexión creyente sobre la tragedia del reciente terremoto y las devastadoras consecuencias que ha tenido, como siempre, entre los más desfavorecidos.

“AL PERRO FLACO TODO SON PULGAS”
… Y ALGO MAS

Ayer en la noche escribí un correo electrónico para algunos de la familia, tratando de adelantarme a que en España escucharan la trágica noticia del terremoto en Perú y se alarmaran por mi suerte. Hoy, al abrir mi correo, una sobrina me había contestado con esa conocida frase: “Al perro flaco todo son pulgas”. La comparación nos sirve para reflexionar sobre lo sucedido en este Perú al que quiero como propio pues no en vano he pasado en él más de la mitad de mis 60 años de vida e ir más allá. Seguro que mi sobrina se refería al Perú, “perro flaco”, como país pobre. Sí, pero no sucede ni por casualidad, ni porque tenemos mala suerte, ni por la fatalidad del destino que siempre se ensaña con los pueblos pobres. No, muchos de los muertos en esta y en casi todas las desgracias naturales se deben justo a que ellos eran pobres… Así de simple.
El terremoto sufrido ayer por Perú fue de una magnitud muy fuerte y hubiera hecho muchísimo más daño si su epicentro hubiera sido en tierra firme en lugar de las profundidades del mar. Los cerca de 500 muertos reportados se hubieran multiplicado varias veces. Y si hubiera ocurrido cerca de Lima, con sus 9 millones y casi la mitad bajo la línea de pobreza, los muertos -sin ninguna duda- los contaríamos por decenas o centenas de miles…Ese mismo terremoto en Tokio, Nueva York o Madrid dejaría solo unas pocas personas muertas.
Nuestros países pobres no están preparados para ninguna de estas eventualidades, en buena parte porque no pueden; en otra por la desorganización y hasta por la corrupción de sus gobernantes que en lugar de prever desvían los gastos por caminos no muy santos.

Lo que tal vez mi sobrina no llegó a captar o insinuar (puede que sí) es que, al interior de los países, a “los perros flacos” -los pobres del Perú, los mas pobres de los países pobres- siempre se les pegan las pulgas chupando la poca sangre que tienen…
Mañana trataré de viajar a la ciudad de Ica, la que concentra el mayor número de muertos y en la que trabajé pastoralmente durante 10 años. Tal vez no pueda hacer mucho -si es que logro llegar- pero quiero estar con mi gente. Y ya se bien lo que me voy a encontrar: todas las casitas de adobe que con tanto esfuerzo cada familia logró levantar (después de haber vivido anteriormente en ranchitos o chozas de esteras, palos y cartón) estarán en el suelo. Será así en Ica, en Pisco, en Chincha, en Cañete (las ciudades más afectadas y que es posible ya les suenen por las dramáticas imágenes de la TV). Las casas bien construidas, con ladrillo y cemento sobre una buena base, no suelen caerse, salvo raras excepciones.

Por coincidencia, en las semanas pasadas hemos estado leyendo, reflexionando y viviendo, con un grupo de unas 30 personas, la experiencia del libro de Job en la Biblia (ese personaje no tan paciente como suele decirse pues se rebela y fuerte llegando a maldecir el día en que nación y retándole a Dios a que le muestre si es culpable de lo que le ocurre). Y el problema central del libro es “cómo hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente”, cómo decirle a Job que Dios le ama cuando está hecho una piltrafa o cómo logrará Job no maldecir a Dios estando como está… La misma dificultad se nos plantea hoy en nuestros países pobres y frente a los más pobres de nuestros países: ¿¡cómo decirles que Dios los ama!? ¿¡y cómo ellos pueden sentir que Dios los ama!? ¿Cómo sentir en Ica que Dios ama a esos pobres que se han quedado sin sus familiares, sin sus casas, sin lo poco que tenían…?
Me tocará hacer la experiencia en vivo, con humildad y estoy casi seguro con alegría. Nunca olvidaré, en la misma Ica, cuando en otra tragedia -la inundación de 1998- yendo a ver cómo estaba la gente, con el agua por encima de la cintura una mujer dirigente de un comedor popular me abrazó y me dijo: “Padre, lo hemos perdido todo, pero estamos vivos, tenemos dos manos y empezaremos de nuevo”. Y empezaron (perdón, empezamos), ellos yo… y Dios que nos llevó de la mano sin que a veces nos diéramos cuenta.
José Mª Rojo

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Las mentiras de Al Gore y el premio Principe de Asturias

junio 26, 2007
La presidenta del comité español de UNICEF, Consuelo Crespo, que formó parte del jurado que ha concedido el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional a Albert Arnold Gore, destacó que el ex-vicepresidente de Estados Unidos “ha dado visibilidad al problema del cambio climático” y añadió que “es un problema muy complejo que exige muchas actuaciones desde muchos frentes”… “ese es en esencia el valor que se ha querido destacar al premiar a Gore”. “Gore es de las pocas personas que tienen capacidad como para llamar la atención mundial sobre el problema”, concluyó. Me pregunto: ¿es esto toda la verdad?. A veces con hermosas preocupaciones ecológicas se ocultan oscuros propósitos…


El premio que se le ha otorgado al ex presidente Gore se concede “a la persona, personas o institución cuya labor haya contribuido de forma ejemplar y relevante al mutuo conocimiento, al progreso o a la fraternidad entre los pueblos”.
Los ciudadanos tienen derecho a conocer cómo ha sido esta “relación fraterna y de contribución al progreso” que al parecer Gore ha tenido con los empobrecidos de la Tierra y que la presidenta de UNICEF-España ha ignorado totalmente.
En 1999 muchos demócratas y sus aliados políticos atacaron al entonces vicepresidente por condenar a millones de africanos a una muerte lenta horrible, al negarles el acceso a las drogas genéricas contra el sida, aliándose con la poderosa industria farmacéutica. El editorial del Washington Post del 25 de junio de 1999 atacó la ley de Sudáfrica que permitía la venta y uso de medicamentos genéricos. Decía: “Las compañías farmacéuticas estadounidenses consideran la ley —que le permite al ministro de Salud de Sudáfrica importar o producir nacionalmente drogas genéricas contra el sida menos caras— una violación a su protección de patentes. Han presionado con agresividad al Congreso y la Casa Blanca para que los ayuden, proponiendo incluso que se corte la ayuda extranjera para Sudáfrica”.
Dirigentes de AIDSDA denunciaron que en 1998 y 1999 el vicepresidente Gore amenazó al vicepresidente (y después presidente) sudafricano Thabo Mbeki con que EEUU le retiraría toda ayuda económica, a menos que Sudáfrica abandonara sus planes de fabricar e importar drogas genéricas más baratas para el tratamiento del VIH–SIDA. En consecuencia, miembros de la coalición AIDSDA acosaron al vicepresidente durante su campaña por la presidencia gritando consignas como, “Al Gore mata por codicia”, en referencia a las contribuciones de grandes farmacéuticas que colmaron los arcones de su campaña presidencial de 2000, las mismas que recurrieron a múltiples métodos para obstruir el programa de Sudáfrica para producir drogas genéricas baratas que pudieran atajar el avance del VIH–SIDA.
En 1998, Clinton y Gore bombardeaban con más de 12 misiles de crucero la fábrica de medicamentos El Shifa en Sudán, con la excusa fraudulenta de que producía armas químicas (lo que se comprobó ser absolutamente falso). Tuvo como resultado destruir la producción del 90% de los medicamentos esenciales que se utilizaban en el país y su independencia con respecto a las multinacionales médicas. Es incalculable el número de sudaneses que murieron por no disponer de los medios para tratar las enfermedades mortales.
Pero en los actos de Gore hay más que una preocupación por la trasgresión de patentes. Entonces, como ahora, Gore abrazó el genocidio contra el Tercer Mundo disfrazado de “ecología”. En su elogio al libro de Paul y Anne Ehrlich, The Population Explosion (La explosión demográfica. Simon & Schuster, Nueva York, 1990), Gore apoyó plenamente su exigencia de que se tomen medidas de reducción poblacional en los países más pobres del mundo. Los Ehrlich alegan en su libro que el sida es sólo la última de numerosas enfermedades pandémicas consecuencia de la “sobrepoblación” que, de manera increíble, afirman que impera en África, donde creen que se originó el sida. Gore no sólo les dio su apoyo por escrito en el forro del libro, sino que repitió como un fanático estos sentimientos en su propia diatriba “ecologista” de 1992, La Tierra en juego.
El pasado mes de febrero de 2007, Al Gore se reunió en La Moncloa con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien anunció seguidamente que el Ejecutivo iba a poner a disposición de todos los centros escolares el documental “Una verdad incómoda”, producido por Al Gore.
Zapatero calificó esta película de “importante y necesaria para mentalizar a todos” y declaró a la prensa que el cambio climático es “el reto más importante de la humanidad”. Por su parte, el Ministerio de Educación y Ciencia comunicó a las comunidades autónomas, en la Comisión General de Educación celebrada el pasado 24 de abril, que ya se han obtenido los permisos para el curso que viene.
Concluimos:
No es justo un premio a quien defiende que la mejor manera de acabar con la pobreza es acabando con los pobres y está al servicio de los intereses de la poderosa industria farmacéutica.
Al Gore, también candidato al Premio Nobel de la Paz, como demuestran los hechos ha contribuido a un mundo más injusto y menos fraterno. No olvidemos que el mundo hoy podría alimentar según la FAO (con datos de hace 20 años) a más de doble de la población actual. No hay un problema de superpoblación sino de Justicia.
Y son muchos los líderes mundiales que defienden una ecología inhumana, contra la especie menos protegida y la única sagrada de la faz de la Tierra: el ser humano. El HAMBRE ES LA PRINCIPAL AMENAZA PARA LA PAZ como dijo el ex presidente Carter, reciente premio Nobel de la Paz.
Hoy ZP y Al Gore, en perjuicio de los empobrecidos de la Tierra, dicen que es el cambio climático… ¿A qué intereses oscuros están sirviendo UNICEF, el Premio Príncipe de Asturias y nuestro presidente ?
Francisco Rey Alamillo (www.solidaridad.net)

La sangre de nuestros teléfonos móviles

junio 4, 2007
El coltán conocido como el oro gris , por ser ese su color al ser extraído, es un mineral fundamental para la construcción y mantenimiento de centrales nucleares y para fabricar proyectiles perforantes y misiles de largo alcance. También es imprescindible para la industria de los videojuegos y, por supuesto, para los teléfonos móviles de tercera generación, para los que se destina cerca del 60% de la producción mundial. El Gobierno de EE UU, a través del Pentágono, lo ha declarado materia prima estratégica.

El coltán , apenas arena, fue el verdadero objetivo de la segunda guerra del Congo, conocida por ello como Guerra del Coltán, en la que murieron cerca de cuatro millones de personas. Fallecieron de hambre, por enfermedades, tiroteadas o a machetazos. En esa cruenta guerra, que supuestamente acabó en 2003, participaron nueve naciones, además de veinte facciones distintas de lealtad indefinida. Estas naciones y facciones, que para la opinión pública luchaban por motivos étnicos y políticos, estaban fuertemente armadas. ¿Cómo fue ello posible, teniendo en cuenta que esas nueve naciones, entre las que se encontraba Ruanda, son consideradas las más pobres del planeta?

La respuesta es sencilla, pero escalofriante. El coltán no sólo se extrae en la República Democrática del Congo , donde que está el 80% de los recursos estimados de este mineral. También hay minas en Brasil, Tailandia y Australia. Pero en estos últimos países hay que pagar mano de obra en condiciones dignas que resultan muy caras. Impuestos y tasas gravan la extracción del coltán.

En el Congo es más fácil. Según datos de la ONU, entre 1998 y 2002 se extrajeron de esta República cerca de 3,9 millones de kilos de coltán , que alcanzaron en el mundo desarrollado un valor de 793 millones de dólares. Casi el doble de lo que se obtuvo con los famosos diamantes que también se extraen en el Congo.

A pesar de ello ni uno de esos dólares fue a parar al país africano . Su Gobierno, actualmente liderado por Joseph Kabila, está constantemente amenazado por golpes de Estado y revueltas. Poco puede hacer por controlar la zona noroeste del país, donde se encuentran los yacimientos de coltán, a 1.500 kilómetros de la capital, Kinshasa.

Durante la Guerra del Coltán , el Ejército ruandés ocupó de facto esta zona del Congo. Ruanda, un país del tamaño de la provincia de Badajoz, domina la extracción y la explotación de una de las principales riquezas del mundo.

El padre Antonio Molina, de la congregación de los Padres Blancos, que trabaja desde hace muchos años en el África negra, conoce bien la situación. Explica que Laurent Kabila, el padre del actual presidente del Congo, solicitó la ayuda del Ejército ruandés para derrocar el Gobierno del dictador Mobutu en 1997. “Una vez conseguido el derrocamiento, el Ejército ruandés ya nunca abandonó el Congo. De hecho, su única intención al ayudar a Kabila padre era la de hacerse fuertes en la zona minera más rica”.

Hombres armados del Ejército de Ruanda dominan los perímetros de las explotaciones en territorio congoleño. Según hace ver el padre blanco, “los ruandeses llegan armados y no gastan bromas, la gente es prácticamente esclavizada “. Y es que las minas y el territorio no es lo único que dominan. Estos soldados, armados con la aquiescencia, el beneplácito y el dinero del mundo desarrollado, son los amos y señores de decenas de miles de vidas.

Gustavo Gutierrez: Benedicto XVI y la opción por el pobre

mayo 30, 2007
El discurso inaugural de la quinta Conferencia del episcopado latinoamericano y caribeño ha sido la ocasión para que Benedicto XVI haga una importante afirmación sobre la opción preferencial por el pobre, poniéndola en relación con la condición de discípulo y, por consiguiente, de misionero de todo cristiano.
Estas páginas se limitan a tratar ese punto del discurso. Veremos, en primer lugar, cómo es considerada la relación entre la fe en Cristo y la opción mencionada, luego nos preguntaremos de qué pobre se está hablando, y siguen, a modo de conclusión, algunos apuntes sobre el vínculo entre evangelización y promoción humana.


Continúa…

Fe cristológica: fundamento de la opción por el pobre

Es significativo que esta intervención ocurra en su primera visita al continente -y en una relevante asamblea eclesial- en que esa expresión nació a fines de la década de 1960. Desde entonces esa formulación y esa perspectiva, de clara raigambre bíblica, fueron acogidas en comunidades cristianas, en planes pastorales, en documentos episcopales -incluso de más allá de América Latina-, en textos de diferentes confesiones cristianas y en el magisterio de Juan Pablo II. Pero, en este itinerario, no han estado ausentes incomprensiones y tergiversaciones, arreglos de la frase –con añadidos y supresiones, con el ánimo de precisar su contenido- así como resistencias veladas o intentos de amortiguar sus exigencias.
En esta oportunidad, en un discurso llamado a tener una gran influencia en la reunión a la que fue dirigido, Benedicto XVI habla de ese compromiso haciendo ver su alcance teológico: “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor.8,9)” (Discurso n.3)[1]. De ahí vienen sus dimensiones evangelizadoras y de compromiso social. En efecto, su fuente teológica es transparente; en última instancia, es la opción por el Dios que se revela en Jesús. Por eso la hemos llamado una opción teocéntrica. Pero conviene decir resueltamente que afirmarlo no sólo no olvida que se trata de una solidaridad concreta y capilar con personas que padecen una situación de injusticia y de insignificancia social, sino que, más bien, le da un sólido fundamento y una radicalidad evangélica.
Creemos en un Dios que se hace presente en la historia y valora todo lo humano. En ese sentido, Karl Barth podía decir que el ser humano es la medida de todas las cosas en la medida en que Dios se hizo hombre. Apelando a uno de los textos más interesantes de su encíclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto recuerda que “amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (n.15) (ibid). Un poco más lejos, la encíclica dice: “Amor de Dios y amor al prójimo son inseparables, es un único mandamiento” (n.18). Es evidente en estos asertos la inspiración del texto capital de Mt. 25, 31-46 (mencionado explícitamente en Deus Caritas n.15)[2]. Pasaje evangélico central en la reflexión teológica hecha en Latinoamérica y el Caribe. En Puebla inspiró el texto de los rostros de los pobres en los que debemos reconocer el rostro de Jesús. Santo Domingo prolongó el listado y sería valioso que la quinta Conferencia lo retomara, teniendo en cuenta las nuevas situaciones de pobreza y exclusión. Estaríamos ante una manera fecunda y abierta al futuro de manifestar la continuidad entre las conferencias episcopales latinoamericanas.

La opción por el pobre es un camino, a través de Jesucristo, hacia el Dios amor, un componente fundamental del seguimiento de Jesús, un signo que anuncia la presencia del Reino y manifiesta sus demandas. Es una opción prioritaria, preferencial, porque el amor de Dios es universal; nadie está excluido de él. Sin embargo, no es una universalidad abstracta, vacía de contenido: en ella los últimos, aquellos que viven una situación de marginación y de injusticia, contraria a la voluntad de Dios, deben ser los primeros. De ese modo amamos como Jesús amó (cf. Jn.13,34) y hacemos de su testimonio la pauta de nuestras vidas y de nuestros compromisos.

Con insistencia el Papa alude a la perspectiva específicamente cristiana de la encarnación como última palabra de lo afirmado. Así, líneas antes de la mención de la opción por el pobre, dice que “Dios es la realidad fundante, no un Dios pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; el Dios con nosotros, el Dios del amor hasta cruz”. El Dios encarnado que se entrega “hasta el extremo” (ibid.) y acepta el precio del sufrimiento por fidelidad a la tarea de proclamación del Reino. Un “Dios cercano a los pobres y a los que sufren” (n.1).

Hablando de los valores necesarios para forjar una sociedad justa, vuelve sobre el asunto, y sostiene “donde Dios está ausente -el Dios del rostro humano de Jesucristo- estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos” (id. n.4). Se trata del Emmanuel, otro gran tema mateano, el Dios con nosotros, a quien reconocemos caminando, día a día, tras sus huellas[3]. En ese orden de ideas, el Papa asevera -con una expresión que curiosamente fue acusada, en años pasados, de inmanentista por algunas personas- que “el Verbo de Dios, haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura” (n.1). Uno de nosotros, miembro de la historia humana y de una cultura. Como nosotros. Su amor y su entrega total, su anuncio del Reino y su obediencia al Padre lo revela, al mismo tiempo, como el Hijo, como el Verbo de Dios.

En la historia se revela el amor del Padre. El Espíritu Santo, Espíritu de verdad, enviado a los seguidores de Jesús por el Padre en nombre del Verbo encarnado, debe llevarnos “hasta la verdad completa” (cf. Jn 14,26 y 16, 13). Esa presencia en la historia es el basamento del discernimiento de los signos de los tiempos. Este es el marco y el sentido del ver la realidad social e histórica con los ojos de la fe, presente, desde un inicio, en el llamado el método ver, juzgar, actuar acogido en la Gaudium et Spes, y muchos otros documentos eclesiales.

Es importante precisar que la perspectiva de fe no aparece recién en el juzgar; la visión de fe acompaña todo el proceso, lo que no quiere decir que no se respete la legítima autonomía y consistencia de las realidades temporales[4]. Actitud que está presente, y es reclamada, en la práctica y textos de la Iglesia. En esa línea la Gaudium et Spes habla de “conocer y comprender el mundo en que vivimos” (n.4). Las perspectivas que abre la fe cristiana -transcendentes e históricas- no pueden ser puestas entre paréntesis en la visión de la realidad cuando se trata de examinar las interpelaciones a la vivencia y la comunicación del evangelio. Esto es el ABC del método, pero eso mismo nos conduce a un análisis serio y respetuoso de las situaciones examinadas.

Por el pobre y contra la injusticia
Según se ha precisado desde hace tiempo, estamos ante una opción firme y libre, como todas las grandes decisiones de nuestra vida; especialmente aquellas que están animadas por la búsqueda del Reino y la justicia. Y no frente a algo opcional, como el adjetivo derivado del sustantivo opción lo puede hacer pensar[5].

Una decisión que debe ser hecha por todo cristiano, incluso por los pobres mismos. Es una opción por los pobres e insignificantes y contra la injusticia y la pobreza que los agobia. Son los dos lados de una misma medalla. Sin embargo, las cosas no quedan allí; es, asimismo, un compromiso que debe ser asumido por el conjunto de la Iglesia. En ese sentido, Benedicto XVI se refiere a la Iglesia como “abogada de la justicia y de los pobres” (n.4) y unas líneas después reafirma: “formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia en este sector” (n.4). Nótese la alusión a las virtudes políticas; “sociales”, dirá en otro lugar (n.3).

Pero hay más, y el discurso lo trae a la memoria igualmente. ¿De quién se habla cuando se menciona al pobre? El discurso es claro al respecto. Se trata aquellos que viven en la pobreza real, material, condición calificada como “inhumana” en Medellín, y como “antievangélica” en Puebla. Ella constituye un reto de envergadura a la conciencia humana y cristiana. El Papa se pregunta, por eso, cómo puede la Iglesia “responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria” (n.4).. Se apoya en una cita de Populorum Progressio, cuyo cuadragésimo aniversario se celebra este año y que estuvo muy presente en la Conferencia de Medellín, para decir que “los pueblos latinoamericanos y caribeños tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia”. Recuerda, en seguida, que la encíclica “invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes” (n.4; cf. PP n.21).

Situación particularmente grave que conocemos bien, y que hace de América Latina y el Caribe, el continente más desigual del planeta. Grave y, además, escandalosa, dada la amplia mayoría católica que vive en él. Es un desafío a la credibilidad de la Iglesia católica que, desgraciadamente, sigue vigente. Se requiere una gran firmeza en el anuncio del evangelio y sus ineludibles consecuencias para todo creyente; así como una gran dosis de humildad para reconocer nuestras propias deficiencias y limitaciones y entrar en diálogo con personas de otros horizontes en vistas a unirse en una tarea que “invita a todos” en la búsqueda de la justicia social y en el respeto a la libertad de la persona humana[6].

El enfoque no da lugar a equívocos, los pobres que reclaman nuestra solidaridad son los que carecen de lo necesario para satisfacer sus necesidades básicas y que no ven valorada su condición de personas y de hijas e hijos de Dios. Al inicio del discurso, avanzando hacia las causas de esa situación, advierte que “la economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propios bienes naturales” (n.2)[7].

Expoliados muchas veces, también, de su dignidad humana y de sus derechos. La pobreza, la insignificancia social, no es un infortunio, es una injusticia. Constituye una realidad con varias vertientes, complejidad que está ya presente en la noción bíblica de la pobreza, y que comprobamos cotidianamente en nuestros días. Diversos factores -y no sólo el económico- intervienen en el asunto. Es resultado del modo como se ha construido la sociedad, a partir de estructuras económicas claro está; pero también de categorías mentales y culturales, atavismos sociales, prejuicios raciales, culturales (olvido de los pueblos indígenas y afroamericanos), y de género (la mayor parte de las personas pobres son mujeres) y religiosos acumulados a lo largo de la historia. Estamos hablando de una situación que es fruto de nuestras manos, por eso en ellas está, igualmente, la posibilidad de su abolición. Desde el punto de la fe las causas de la marginación de tantos reflejan un rechazo al amor, la solidaridad, es eso lo que llamamos un pecado. Hasta esa raíz, y sus consecuencias, hay que ir para comprender la liberación total en Cristo.

La enorme pobreza y lo que la provoca, la creciente desigualdad e injusticia, es lo que está en cuestión. Esto pone las cosas en su debido nivel: describir y denunciar una situación de carencia que no permite vivir dignamente es importante, pero no es suficiente, hay que ir a las causas de ella, si se quiere superarla[8]. Es un asunto de honestidad y de eficacia en el “combate por la justicia”, para retomar la conocida expresión de Pío XI. De no superarse la desigualdad social, el leve crecimiento económico que se experimenta en algunos países del continente no llegará a los más pobres.

Llegado a este punto, Benedicto XVI considera que frente a esa situación, y desde una perspectiva de fe, “la cuestión fundamental” consiste en “el modo cómo la Iglesia, iluminada por la fe en Cristo, deba reaccionar ante estos desafíos”. Ahora bien, “en este contexto es inevitable –agrega- hablar del problema de las estructuras, sobre todo de las que crean injusticia”. Un largo párrafo del discurso está, justamente, dedicado al punto. Dicho de un modo positivo, las estructuras justas “son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”. Tanto “el capitalismo como el marxismo” las prometieron, pero, dice el Papa, esas promesas se han revelado falsas porque olvidaron a la persona y a los valores morales (n.4). Sin lo cual no hay convivencia social humana y justa.
No toca a la Iglesia establecer esas estructuras, pero eso no le impide tener una palabra que decir sobre cuestiones económico-sociales[9]. Su tarea es “formar las conciencias”, lo recordábamos más arriba, se trata de una posición clásica que toda teología que trata de estos asuntos debe tener en cuenta. No es retraerse y escapar de la responsabilidad en materias sociales y políticas[10]. Por el contrario, insistir en que los seres humanos y sus derechos como personas y como pueblos constituyen el meollo, y la finalidad, de la vida en sociedad es algo que tiene incidencias concretas y precisas[11]. Lo prueban las dificultades que la palabra evangélica encuentra, allí donde es pronunciada, de parte de quienes ven afectados sus intereses. Las reacciones que provocó la predicación de Mons. Romero, y muchos otros casos en el continente, dan fe de ello.
Entre las causas de la pobreza el Papa apunta, igualmente, al papel que juega la globalización. Reconoce que dicho fenómeno tiene lados positivos que pueden significar logros para la humanidad; pero previene que ella “comporta también el riesgo de grandes monopolios y convertir el lucro en valor supremo” (n.2). Una denuncia presentada por muchos en este tiempo. La situación internacional condiciona, e incluso determina, numerosas cosas al interior de cada nación, su análisis resulta por eso imprescindible.
Evangelización y promoción humana
La experiencia de la solidaridad con el pobre que vive en una condición inhumana y de exclusión, hace ver hasta que punto el Evangelio es un mensaje que libera y humaniza y, por lo mismo, representa un reclamo de justicia. Benedicto XVI lo expresa así: “la evangelización ha ido siempre unida a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana” (n.3). Lo que sigue en el discurso es el texto, ya citado, de la Deus Caritas est acerca de la ‘fusión’ entre el amor a Dios y el amor al prójimo. La promoción humana no es una etapa previa a la evangelización, ni va por cuerda separada de ella. En las últimas décadas ha crecido la conciencia del estrecho vínculo que las liga. En ese orden de ideas, Juan Pablo II decía en Puebla que la misión evangelizadora de la Iglesia “tiene como parte indispensable la acción por la justicia y la promoción humana” (Juan Pablo II, Discurso inaugural, III,2)[12].

Benedicto XVI, citando el episodio de Emaús, recuerda que la Eucaristía es “el centro de la vida cristiana” (n.4). En la fracción del pan hacemos memoria de la vida, el testimonio, la muerte y la Resurrección de Jesús. Por ello la Eucaristía no es un acto privado e intimista, ella nos convoca al testimonio y al anuncio de Aquél que es “camino, verdad y vida” para todos. Ella “suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana” (ibid.)[13]. Es signo de comunión, y anticipación de su realización plena.

La unión con Cristo, reconocernos en él hijas e hijos de Dios nos convoca necesariamente a forjar la fraternidad y la justicia. Como se puede comprobar, lo manifestado en el discurso sobre la opción preferencial por los pobres no es una frase al paso, constituye un punto central de él. Está ubicado en un entramado pastoral, social y teológico y de espiritualidad que hace ver su hondura, alcance y exigencias. Nos permite también releer otros temas tocados en el discurso -brevemente por razones de tiempo y de coyuntura- que llaman a profundizaciones y precisiones. Es una tarea por hacer.

El tema está planteado y puesto sobre la mesa de la Conferencia de Aparecida, es, como decíamos al inicio, uno de los ejes de la continuidad con las anteriores conferencias episcopales, en la que el Papa y los obispos han insistido en estos días. Su presencia, colocada en la actual situación que se vive en América Latina y el Caribe, será de mucha importancia en la asamblea que acaba de comenzar.

Sea lo que fuere de esto, profundizar la perspectiva cristológica de la opción por el pobre es una importante contribución para ahondar nuestra condición de discípulos y misioneros y percibir la radicalidad evangélica del sentido que tiene la práctica cristiana de la opción y la solidaridad con el pobre y del rechazo de la injusticia, en tanto camino hacia el Padre de todos.

Gustavo Gutierrez

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[1] Cita de Pablo que se encuentra, también el documento Pobreza de la Iglesia n.18, de Medellín.

[2] Hemos tenido ocasión de estudiar con cierto detalle este texto de Mateo en “Donde está el pobre está Jesucristo”, en Páginas 201 (oct. 2001) 6-21..

[3] “Fuera del seguimiento no se tiene la suficiente afinidad con el objeto de la fe para saber de que se está hablando, al confesarlo como Cristo” (Jon Sobrino, Jesús liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret (San Salvador, UCA, 1991) 104.

[4] Al respecto ver las consideraciones, sustentadas en la práctica del método, de Luis Fernado Crespo Revisión de vida y Seguimiento de Jesús (Lima, UNEC-CEP, 1991)

[5] Como dice M. Díaz Mateos “es una opción no opcional, pues es verificación de nuestra identidad eclesial y cristiana” (“El grito del pobre atraviesa las nubes”, en El rostro de Dios en la historia 159).

[6] Ver al respecto, Felipe Zegarra, “La quinta Conferencias del episcopado de América Latina y el Caribe”, en Páginas 200 (agosto 2006), sobre todo páginas 16-17.

[7] Entre esos bienes naturales se debe contar hoy -además de los que esa frase nos hace pensar espontáneamente- el agua y el aire, si pensamos en la polución, el calentamiento del planeta, y en general el daño causado al medio ambiente por una explotación sin freno. La cuestión ecológica interesa a toda la humanidad, pero afecta especialmente a los más frágiles de ella, a los pobres.

[8] No es la primera vez, sin embargo, que Benedicto XVI toca el tema de las causas de la pobreza, en su encíclica decía: “Desde ese momento [el del surgimiento de la sociedad industrial], los medios de producción y el capital eran el nuevo poder que, estando en manos de pocos, comportaba para las masas obreras una privación de derechos contra la cual había que rebelarse” (Deus caritas est (2005) n.26).

[9] Poco antes, Benedicto XVI había manifestado su preocupación por estos temas en una carta a Angela Merkel, canciller de Alemania. En ella propone que la unión europea se empeñe en “lograr el objetivo de eliminar la pobreza extrema antes del año 2015”, que “es una de las tareas más importantes de nuestro tiempo”; y añade una tarea inmediata: ”hacer todo lo posible para proveer a una rápida cancelación completa e incondicional de la deuda externa de los países pobres fuertemente endeudados y de los países menos desarrollados” (Carta del 16 de diciembre de 2006).

[10] Bajo forma de una pregunta retórica, el discurso había anotado -antes del párrafo que estamos citando- que esta posición no significa “una fuga hacia el intimismo, hacia el individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo, y una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual” (n.3).

[11] En este plano ético sitúa, asimismo, a la doctrina social de la Iglesia.

[12] Antes, el Sínodo romano sobre Justicia en el mundo (1971) sostenía que la misión de la Iglesia “incluye la defensa y la promoción de la dignidad y de los derechos fundamentales de la persona humana” (n.37).

[13] Celebrar la Eucaristía nos lleva a “trabajar por un mundo más justo y fraterno” (Sacramentum Caritatis n.88).

Los pobres, lugar teológico

abril 19, 2007
En una reciente defensa doctoral, superado ya el aprieto de las preguntas de los profesores, el doctorando señaló su agradecimiento, no sólo al Pontificio Instituto Bíblico, sino también a lo que llamó “Universidad del Amor”: Los Misioneros y las Misioneras de la Caridad.

No creo descabellado proponer que la “opción preferencial por los pobres” ha de aplicarse no sólo a la doctrina y a la acción social de la Iglesia, sino a todas las dimensiones de la vida cristiana y eclesial, incluída la ciencia teológica. Los pobres como presencia viva y real de Cristo entre nosotros, son los jueces últimos de toda reflexión teológica. Es en la respuesta, más o menos directa, a la pobreza (“Dame de beber”, cf. Jn 4) donde se mide la calidad del pensamiento acerca de Dios, porque, si la teología no conduce a conocer y amar al hermano, a quien se ve, ¿cómo se atreverá a hablar de Dios, a quien no se ve? (1Jn 4, 20).

Y, para que no se revolucione el gallinero, conviene hacer dos puntualizaciones:

-No es realista reducir la pobreza a una situación socioeconómica. Como decía una catedrática del amor cristiano, la Madre Teresa de Calcuta, “la mayor pobreza, es la soledad”. Yo, humildemente, me permito añadir que “la mayor pobreza es la falta de fe”. Quien no conoce a Cristo, no tiene la Vida, aunque “haya dado nombre a países” (Sal 48; 1Cor 13).

-No se trata de convertir la tarea intelectual del teólogo en un activismo social, sino de recordar que el pensar teológico es también, fundamentalmente, una acción social de la Iglesia: la Teología es para los pobres.

Así pues, en vista de la necesidad de completar el currículum teológico con los créditos académicos de alguna universidad del amor y, dado que son créditos de libre elección, me permito señalar tres centros de capacitación caritativa que nos permitirán descubrir ese maravilloso recurso teológico que es dar la vida por los pobres:

Los Misioneros y Misioneras de la Caridad

Los hermanitos y hermanitas del Cordero

Comunidad de San Egidio

Y el, ya clásico, centro de Cáritas

La oferta es infinitamente variada, y mucho más amplia que estas cuatro universidades, y, además, siempre queda la posibilidad de “estudiar por libre”.